jueves, 6 de diciembre de 2012

La escuela en el contexto de la Educación Bolivariana


La educación bolivariana concibe a la escuela como centro del quehacer comunitario; en esta perspectiva, las instituciones educativas deben promover actividades que orienten el protagonismo y la participación de los sujetos, bajo los principios de corresponsabilidad, en la que intervienen todos los actores del hecho educativo. Esta particularidad de considerar a la escuela como espacio de práctica constante que fortalece la comunicación y la colaboración, está en consonancia con lo propuesto en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, en el Proyecto Educativo Nacional y, de manera especial, se vislumbra en el Plan de Desarrollo Económico y Social de la Nación, con lo cual se aspira transformar la debilidad individual en fuerza colectiva, teniendo en cuenta que el establecimiento de la organización no implicará menoscabo de la independencia, autonomía, libertad y poder originario del individuo sino que prevalezcan los elementos en común, que permitan construir una comunidad.

En este sentido, los elementos políticos, económicos, sociales y, particularmente educativos,  deben estar íntimamente conectados para garantizar la formación de las nuevas generaciones.  Esta interrelación es tan determinante en la sociedad, puesto que garantiza la transformación política-ideológica que el Estado, como ente rector, debe dirigir,  conformándose como un sistema. Un sistema que debe ser flexible,  permeable y abierto; debido a que el saber popular es fundamental para adecuar los espacios, contextualizar los conocimientos y garantizar la resolución de problemas, en un marco de equilibrio territorial, donde la comunidad desarrolle la capacidad propia de innovar, trabajar, organizar, crear y recrear culturas. Todo ello,  en defensa de la seguridad social y en pro  de que el ser humano se vincule con la  familia, la sociedad y el Estado, para avanzar en respuestas que dejen saldos organizativos y bien direccionados.

En consecuencia, la escuela debe propiciar actividades que vayan en función de conocer las múltiples expresiones culturales, procesos de trabajo, de producción y tradiciones existentes en la comunidad. Pues, en ella deben establecerse escenarios que permitan la organización y el desarrollo de asociaciones, grupos de trabajo comunal, organizaciones de base, consejos estudiantiles, entre otros, como práctica para impulsar el desarrollo de acciones comunitarias y solidarias. Es así como la escuela, bajo un enfoque de sistemas, viene a considerarse como una herramienta que fomente el análisis de los elementos que la conforman, debido a que permitirá estudios de lo complejo a lo simple, del todo a las partes y viceversa. Es decir, en ella se conformarán equipos que faciliten  intercambio de ideas, que puedan aportar soluciones tanto escolares como comunales. De igual forma, en ella se podrá fomentar el espíritu organizacional y el sentido de la corresponsabilidad de las personas acorde con sus realidades. Debido a que debe conocerse el entorno que rodea a las instituciones educativas; saber con qué se cuenta y dirigir la planificación de las actividades,  tomando en consideración las fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas tanto de la escuela como de la comunidad. No obstante, este proceso no debe quedar hasta aquí, pues es preponderante que la escuela abra sus puertas; que todos y todas participen en  la planificación, en la ejecución, en la evaluación y, que del consenso, surjan las ideas, las propuestas y  los correctivos pertinentes para cada caso.

lunes, 20 de agosto de 2012

El Poder Ciudadano

El poder ciudadano es ejercido por el Consejo Moral Republicano, integrado por el Defensor del Pueblo, el Fiscal General de la República y el Contralor General de la República Bolivariana de Venezuela; tiene como objetivo prevenir, investigar y sancionar los hechos que atentan contra la ética pública y moral administrativa; velar por la buena gestión y la legalidad en el uso del patrimonio público, el cumplimiento y la aplicación del principio de legalidad en toda la actividad administrativa del Estado, e igualmente, promover la educación como proceso creador de la ciudadanía, así como la solidaridad, la libertad, la democracia, la responsabilidad social y el trabajo. El Poder Ciudadano es independiente y sus órganos gozan de autonomía funcional, financiera y administrativa. A tal efecto, dentro del presupuesto general del Estado se le asignará una partida anual variable. (Art. 274, CRBV, 1999).

martes, 29 de mayo de 2012

SENTIDO DE PERTENENCIA DE LAS COMUNIDADES

El sentido de pertenencia significa arraigo a algo que se considera importante. Desde el punto de vista social, representa el sentimiento que tiene una persona por el grupo humano o contexto al que se siente ligado por unos determinados valores culturales, históricos, familiares, entre otros. El principal y más importante núcleo de configuración de este sentido es la familia. Quienes aspiramos a una vida en comunidad, tenemos que luchar por  conservar nuestro sentido de pertenencia, que nos ayuda a mantener la cohesión humana, iniciando nuestro trabajo con la familia y proyectando este accionar, hacia nuestra participación en las actividades y organizaciones comunales, religiosas, estudiantiles, de voluntariado, culturales o recreacionales de nuestro entorno.
Estas acciones son una manera de fortalecer ese importantísimo sentido de pertenencia, como generador de cohesión intra e intergrupal, que al mismo tiempo que afianza nuestra identidad personal, nos permite ser más útiles a nuestros semejantes. El sentido de pertenencia fortalece el sentimiento  de que todos somos uno, que es como decir que al pertenecer a este mundo que Dios nos dio por heredad, todos nos pertenecemos y, por tanto, debemos querernos y socorrernos mutuamente. Este proceso se inicia, entendiendo los elementos clave de colaboración, cooperación, corresponsabilidad, comunicación y cohesión, en un solo equipo. El trabajo en equipo es vital para el éxito de toda comunidad. La mayor parte de las personas tiene conciencia de que "la suma es siempre superior a las partes", pero, ¿cuántos estamos realmente involucrados o conscientes de este proceso sinérgico?

viernes, 25 de noviembre de 2011

Tendencia Hegemónica y Procesos Educativos Latinoamericanos

Una vez que se produce la penetración de los europeos en América, se hace posible un contacto de razas, culturas y procesos históricos que hasta entonces tenían un curso independiente, se da la integración de los elementos que compondrán, posteriormente, la sociedad colonial. En lo que respecta a Venezuela, se puede decir que, en este primer contacto, el aborigen, sin hostilidad y con asombro, abre al español las puertas del nuevo mundo y hace sus mejores ofrendas. Pero, una vez pasado este periodo inicial del encuentro, nuestro aborigen tiene que reaccionar con heroísmo y valentía ante la actitud agresiva de esclavización que toma el colonialista. Tiene que hacer verdaderos esfuerzos para enfrentarse a quienes llegan a privarle de su libertad, posesiones y someterlo a la explotación.
De esta manera, se inicia ese largo período de ocupación y sometimiento de los aborígenes, quienes trataron de poner resistencia valientemente, pero que la superioridad de las armas de los conquistadores los dominó fácilmente. Este tipo de conquista se logró suavizar por la acción mediadora de los misioneros, quienes entablaron una colonización pacífica. Concluida la etapa de la conquista, se dio inicio al período de la colonización, este proceso se desarrolló con la clara delimitación de las clases sociales y con la ineluctable irrupción, no sólo geográfica sino también ideológica, cultural, económica, política y  educativa.
Con el transcurrir del tiempo, surge un sistema económico en el que los individuos y las empresas de negocios llevan a cabo la producción y el intercambio de bienes y servicios mediante complejas transacciones en las que intervienen los precios y los mercados (Se instaura en la segunda mitad del siglo XIX). Desde Europa, y en concreto desde Inglaterra, este sistema, conocido como capitalista, se fue extendiendo a todo el mundo, siendo el sistema socioeconómico casi exclusivo en el ámbito mundial.
Los intereses económicos son los más habituales cuando se tratan de explicar fenómenos sociales de dominación. Los defensores de esta concepción sostienen que las naciones se ven impelidas a subyugar a otras para expandir su economía, adquirir materias primas y mano de obra, o para dar salida a los excedentes del capital y producción. La teoría más notable que vincula el imperialismo con el capitalismo es la de Karl Marx. Lenin, por ejemplo, consideraba que la expansión europea del siglo XIX era la consecuencia inevitable de la necesidad de las economías capitalistas europeas de exportar su excedente de capital. Del mismo modo, los marxistas contemporáneos explican la expansión de Estados Unidos en el Tercer Mundo, basándose en imperativos económicos.
Por su parte, Althusser, seguidor de Gramsci, toma como punto relevante la dominación ideológica para así comprender la reproducción de las condiciones para la producción, este a diferencia de Marx y Lenin, destaca la importancia de la súper estructura jurídico-política e ideológica como un mecanismo de dominación del estado capitalista, con el fin de asegurar la reproducción del capitalismo.  Esto quiere decir que, no sólo se necesita de la fuerza de trabajo, sino de individuos que la ejecuten mandados ideológicamente. Da a entender que cierta posición económica es un factor determinante en la posición ideológica.
Además, dice que hay otras formas distintas que se encargan de asegurar la producción de la sociedad. Dentro de estas formas distintas se destacan los aparatos represivos y los aparatos ideológicos, estos favorecen la diferenciación de las principales formas de poder del Estado, ambos ejercen su dominación por medio de la represión y la ideología, estos se distinguen por la forma de cómo se introducen en la sociedad. Esta puede ser por medio de la violencia o mediante la ideología. El gobierno, la policía, el ejército, etc.; se encuentran en nuestra sociedad de una forma obligatoria. Los aparatos ideológicos son: la iglesia, la escuela, la familia, el sistema jurídico, el sistema político, sistema sindical, medios de comunicación e instituciones culturales. Para Althusser, el sistema educativo tiene la función de producir posiciones laborales, mediante la técnica y producir la interiorización de las relaciones de producción, a través de la inculcación de la subordinación y de las reglas esenciales de un determinado comportamiento.
Al respecto, Descombe, citado por Aguerredondo (1993), recalca la necesidad de profundizar en el impacto de la escuela como institución que actúa sobre las perspectivas y acciones de los docentes. La teoría se va a adaptar a la política que haya en esos momentos, depende de cómo se trabaje, ya sea pedagógicamente o políticamente y, a la vez, de cómo se puedan unir las dos. Los mismos que han realizado teorías de la resistencia conocen las limitaciones del sistema educativo, va a la par con el nivel social. Para cambiar el sistema educativo hay que ir cambiando, conjuntamente, la sociedad.
Retomando el elemento económico, el cual no está desligado de lo socio-educativo, Águila (2006) sostiene que los efectos del imperialismo suelen girar en torno a los aspectos económicos, dado que esta perspectiva es la que prevalece en los debates sobre sus posibles móviles. La polémica surge entre aquellos que creen que el imperialismo implica explotación y es la causa del subdesarrollo y el estancamiento económico de las naciones pobres, y los que alegan que, pese a las ventajas que proporcionó esta situación a las naciones ricas, también las naciones pobres se beneficiaron, al menos a largo plazo. Lo que resulta evidente es que el efecto del imperialismo ha sido desigual: unas naciones han obtenido mayores ventajas económicas que otras de su contacto con potencias más ricas.
En lo que respecta a la pobreza en América Latina, se puede afirmar que ésta ha crecido escandalosamente en los últimos años, dejando estragos que han sido ignorados por falta de sensibilidad o de ética, pero que aun así; por razones políticas y sociales, el mencionado aspecto no se debe perder de vista. El crecimiento económico no es necesariamente re-distributivo, ni necesariamente alivia la pobreza, pero una efectiva intervención gubernamental puede hacer que sus frutos se distribuyan mejor entre los diversos grupos sociales, aminorando la pobreza y reduciendo la concentración del ingreso. El bajo crecimiento económico, en cambio, aunque reduzca la concentración del ingreso, genera más pobreza, agravando todos los males de la sociedad. Dicho pues de manera convencional: el crecimiento económico es condición necesaria, más no suficiente, para la lucha contra la pobreza.
En los años 80, se agudizó el problema histórico de la pobreza y aumentó la  exclusión social, pero también se mantuvieron las tendencias hacia una expansión de la cobertura de los servicios sociales, aunque con un gran deterioro de la calidad, como ha sido el caso de la educación y de la salud. La democratización, la inserción internacional, el descenso de las remuneraciones mínimas, el aumento de la cobertura educativa y la acentuada masificación de los medios de comunicación social eran factores que sugerían profundas transformaciones en función del desarrollo de la América Latina.
Se parte de que en el período 1950-1980 se vivió un proceso de modernización socioeconómica acelerada, con una sostenida expansión del sistema educativo formal y de sus capacidades de investigación científico-tecnológica, hubo un fuerte crecimiento de la población en edad escolar (3% del promedio anual), grandes movimientos migratorios que incidieron en los patrones de urbanización, una gran alteración de la estructura del empleo y un aumento significativo de la participación laboral de la mujer.
Como síntesis, en lo educativo, se dice que: hubo una drástica reducción de la tasa de analfabetismo absoluto, pero el perfil educativo regional sigue siendo deficiente, lo cual se evidencia en los siguientes indicadores: el nivel educacional es de seis años; la mitad de la fuerza laboral no ha completado la educación primaria; la masificación tuvo un impacto inequitativo; mayormente la calidad de la educación es deficiente, sin vinculación con los requerimientos sociales; la investigación se concentra en las universidades, desvinculada del aparato productivo, con participación ínfima en el contexto internacional; los institutos de formación profesional, como enlace entre el sistema educativo formal y las empresas, han perdido vigencia y capacidad de respuesta; la expansión educativa y el esfuerzo científico-tecnológico y de formación han obedecido más a presiones sociopolíticas que a los requerimientos de desarrollo.
Aún existe cierta opresión en el sistema educativo para con los estudiantes, se impone un modelo a seguir, en cualquier tipo de escuela, se entregan las herramientas y cado uno tiene que valerse por sí mismo siguiendo los patrones preestablecidos. Las limitaciones que se tienen y probables casos de deserción serían la pobreza o la escasez de colegios en zonas rurales. Puede que no se noten estos problemas en la educación escolar, pero sí se notan en los estudios posteriores, como lo son las universidades, institutos profesionales, entre otros, en los cuales no todos pueden estudiar, ya sea por problemas económicos o por problemas académicos. Aunque se dan cierto tipo de facilidades como becas, créditos y distintas ayudantías, de igual forma que en el pasado, la clase alta tiene mayor tipo de posibilidades de surgir que la clase baja.
El modelo de desarrollo económico y los problemas de la integración social y la pobreza, han influido para que los sistemas de producción y difusión del conocimiento tengan un carácter polarizado y sin base integradora. La administración de los mismos se ha burocratizado de tal manera que cada uno constituye un segmento cerrado, lo que implica un aislamiento institucional y corporativo. Todo esto ha provocado una radical separación entre el sistema de formación de recursos humanos y las necesidades de desarrollo del nuevo contexto socioeconómico y del debate internacional sobre el destino de la educación. (Ottone y Mendoza 1997, s/n)
Todo parece confirmar que se ha llegado al término de un proceso de desarrollo educativo mediante el cual la región obtuvo importantes logros cuantitativos a expensas de menoscabar la eficiencia, la calidad y la equidad. Pasar de ese sistema a otro que privilegie la calidad de la enseñanza y su efectiva difusión a todos los niveles de la sociedad, así como las sinergias entre los distintos procesos de generación y difusión del conocimiento y entre ellos la economía, es el reto de la América Latina y el Caribe, una constante en todos los discursos educativos sobre la región.
Actualmente, América Latina muestra un mayor nivel de conciencia pública sobre la importancia de la educación en las estrategias de desarrollo, todo lo cual puede estudiarse en el aumento relativo de la inversión en educación y en el avance en la implementación de reformas institucionales, especialmente en lo que se  refiere a la descentralización educativa y la puesta en práctica de sistemas alternos de evaluación de los resultados. Pero todo esto es insuficiente porque, además de que hay que recorrer nuevas sendas para el mejoramiento de las formas de administrar, organizar y gestionar los sistemas educativos, tanto en los ámbitos nacionales y locales, como en la misma institución escolar, hay que recorrer un largo camino en el ámbito de las mejoras en el campo estrictamente pedagógico.
Hay datos muy preocupantes sobre los aprendizajes que logran los estudiantes y la relación de estos con las necesidades de desarrollo, autoconocimiento y autodesarrollo, y las expectativas sociales de las mismas, es decir, sobre la calidad, pertinencia y significatividad de los procesos de enseñanza y de aprendizaje y sus logros. Si a ello sumamos el casi unánime sentimiento de que lo que está en juego en la región, como demanda socioeducativa, es la competitividad económica y la gobernabilidad democrática de las sociedades, nos encontramos con un enorme desafío que trasciende lo estrictamente institucional.
Aunque hay una mayor preocupación y toma de conciencia sobre lo indispensable que es la educación en cualquier estrategia de desarrollo, lo que crea un ambiente propicio para la generación y difusión de las reformas escolares, todavía es mucho lo que falta por dilucidar, implementar y evaluar al respecto. Los cambios que se plantean desde el punto de vista de una serie de transformaciones que deben realizarse, incluyen posiciones conceptuales que se pueden indicar en los siguientes aspectos: hay que dejar de percibir a la educación, a la formación y a la investigación como compartimentos aislados, incomunicados, hay que verlas de manera integral, en su actuación, mediante un enfoque sistémico. Es necesario pasar de una administración burocrática, dirigista y centralizadora hacia formas de gestión en la que el Estado pueda regular desde la distancia y promover. Hay que dar impulso a las autonomías e implementar formas de evaluación que garanticen la calidad y la equidad.
La educación ha de dejar de ser segmentadora, con sistemas y funciones educativas cerradas, y asumir una función integradora y compensadora, a través de sistemas abiertos y flexibles. Los docentes han de ser vistos como parte fundamental de cualquier estrategia educativa, lo que implica pasar de una subvaloración social y económica a una valorización de la profesión prestigiosa y meritoria. La ciencia y la tecnología forman parte importante de cualquier planteamiento que vincule la educación y el desarrollo, por lo tanto, debe dejar de ser un sector marginal para incorporarse activamente en las universidades, empresas y gobiernos.
Tal como lo plantea Tedesco (1998), una de las ideas centrales de los procesos de transformación educativa ha sido la hipótesis según la cual la educación es un factor de equidad social, pero que este vínculo no es unidireccional ni estático y que "...no se trata de solamente preguntarnos cuál es la contribución de la educación a la equidad social sino, a la inversa, ¿cuánta equidad social es necesaria para que haya una educación exitosa?". (p.1). La interrogante surge porque por debajo de la línea de subsistencia, los cambios institucionales o pedagógicos no tienen impacto en los resultados escolares de los estudiantes. Gran parte del problema de las dificultades para mejorar los resultados del aprendizaje debe verse en su relación con el deterioro de las condiciones de vida de los educandos que determinan, por debajo de esa línea de subsistencia, las "condiciones de educabilidad" con las cuales los estudiantes ingresan a la escuela.
La educabilidad se refiere a: (a) el desarrollo cognitivo básico que se produce en los primeros  años de vida, que está vinculado a una sana estimulación afectiva, buena alimentación y condiciones sanitarias adecuadas y (b) la socialización primaria mediante la cual los niños adquieren los elementos éticos y actitudinales que les permiten incorporarse a una institución especializada distinta a la familia, como la escuela. (Tedesco 1998, p.2). Si no se modifican esas condiciones de entrada que hacen que un alto porcentaje de educandos ingresen a la escuela con deficientes niveles de educabilidad, poco pueden hacer las instituciones educativas, por muy reformadas que estén. Aunque la educación sea un factor de equidad social, si no se garantizan unos niveles básicos previos, difícilmente se podrá educar con posibilidades de éxito.
Los procesos de transformación educativa tienden a dar prioridad a la reforma institucional y más específicamente, a la descentralización y a la creación de sistemas de medición de resultados. Esto último se explica por el hecho de que es una de las exigencias del Banco Mundial, que en sus políticas de asesoramiento y financiamiento incluye el desarrollo de mecanismos de medición de resultados de aprendizaje, que permitan "medir la calidad" de los mismos y hacerlos internacionalmente comparables. (Rama, 1994, p.25). Pero, ¿hasta qué punto, esos resultados reflejan la verdadera calidad educativa?
En síntesis, los países de la región han tomado conciencia del carácter prioritario de la educación, no obstante, ha habido históricamente un marcado carácter ideológico-atomicista y económico de dominación que desvirtúa el propósito fundamental de ésta. Es muy probable que en los últimos años, a medida que el cambio curricular se consolide, las reformas se orienten especialmente a consolidar estilos de aprendizaje humanistas y las pautas pedagógicas vigentes en las escuelas se conduzcan a través de metodologías emergentes, inter y multitransdiciplinarias que permitan la construcción del conocimiento que se genere de la interacción del hombre con la realidad de la cual forma parte, generando redes dinámicas y significativas de acción colectiva.

jueves, 27 de octubre de 2011

ONTOLOGÍA DE LOS VALORES

La patria es espíritu. Ello dice que el ser  de la patria se funda en un valor o en una acumulación de valores, con los que se enlaza a los hijos de un territorio en el suelo que habitan. Ramiro de Maeztu (1875-1936).

Iniciaré este escrito haciendo referencia al pensamiento de Ramiro de Maeztu, quien considera al ser de la patria como un cúmulo de valores que se transmiten de generación en generación y que, además, regenta el comportamiento de los hijos, según las costumbres y tradiciones de las sociedades a las que pertenecen. Entonces, la patria es espíritu, vista desde ese vigor natural o fortaleza que estimula a las personas a obrar y que, además, ese ánimo, ingenio o vivacidad, dependen de las convicciones que orientan sus decisiones frente a sus deseos e impulsos y fortalecen su sentido del deber ser. Ahora bien, en este enunciado se encuentran  dos elementos que son de interés para el comentario del epígrafe que nos ocupa: ser (ontología) y valores.
La ontología es la investigación del ser en tanto que ser, o del ser en general, más allá de cualquier cosa en particular que es o existe. Aquí no termina todo, sino que una vez que se ha descubierto que las cosas tienen un ser,  se encuentra que, tanto las cosas reales como los objetos ideales “son”. De igual modo, hay que destacar las diferencias estructurales en cada uno de esos dos componentes. El ser de las cosas es un ser real, es decir, tem­poral y causal; mientras que al ser de los objetos ideales, se llama ideal, porque no es temporal ni causal. Las cosas reales y los objetos ideales los hay en mi vida, en nuestra vida, en el sentido de ser. No obstante, cabe preguntamos: ¿en qué sentido hay valores en nuestra vida?
En este contexto, hay que mencionar que las cosas de que se compone el mundo, en el cual vivimos, no son indiferentes, sino que esas cosas tienen todas ellas un acento característico, que las hace ser mejores o peores, buenas o malas, bellas o feas, santas o profanas. La no-indiferencia del mundo, y de cada una de las cosas que lo constituyen, consiste en que, ante las cosas, adoptemos una posición positiva o negativa, una posición de preferencia. Por consiguiente, objetivamente percibido, visto desde el lado del ob­jeto, no hay cosa alguna que no tenga un valor. Unas serán buenas, otras malas; unas útiles, otras perjudiciales; pero ninguna absolutamente indiferente.
En correspondencia con la opinión de García Morente (1980), los valores no son ni cosas ni impresiones subjetivas, porque “los valores no son”. Los valores no tienen esa categoría de ser, que tienen los objetos reales y los objetos ideales. Los valores no son y, por eso, no hay posibilidad de que tenga alguna validez el dilema entre ser cosas o ser impresiones. Entonces, para esta variedad ontológica de los valores, que consiste en que no son, a mediados del siglo pasado, el filósofo alemán Lotze propuso que: los valores no son, sino que Valen.
Existe una marcada diferencia cuando decimos que algo vale, no estamos refiriendo nada de su ser, sino que no es indiferente. Por lo que, “valer” es distinto a “ser”. La no-indiferencia constituye esta variedad ontológica que contrapone el valer al ser. La no-indiferencia es la esen­cia del valer. El valer, por tanto, es ahora la primera categoría de este nuevo mundo de objetos; delimitado bajo el nombre de valores. Los valores no tienen, pues, la cate­goría del ser, sino la categoría del valer.
 Valer significa tener valor, y tener valor no es tener una realidad entitativa más, ni menos, sino simplemente no ser indiferente, tener ese valor. Por lo que, el valor pertenece esencialmente al grupo ontológico que Husserl, siguiendo en esto al psicólogo Stumpf, llama objetos no independientes; o dicho en otros términos, que no tienen por sí mismos sustantividad, que no son, sino que se adhieren a otro objeto.   Ontológicamente, el valor y la cosa que tiene valor no los pode­mos separar. Esto es lo característico: que el valor no es un ente; sino que es siempre algo que se adhiere a la cosa y, por consiguiente, es llamado cualidad. Llegamos con esto a la segunda categoría de esta esfera. Los valores tienen la primera categoría de valer, en vez de ser; y la segunda categoría de la cualidad. Es una cualidad irreal, o sea que no es real; porque no es cosa. Una cualidad irreal es una cualidad tal que no podemos representar aparte del objeto que la posee. Si se separa la belleza de aquello que es bello, la belleza carece de ser; la belleza no es; no hay algo entitativamente existente, aunque sea idealmente. Por consiguiente, examinando las relaciones entre la cosa que tiene valor y el valor tenido por la cosa, llegamos a la conclusión de que la cualidad valiosa (el valor) es irreal. Por ello, los valores no son entes, sino valentes; ­son cualidades de cosas, cualidades irreales, cualidades ajenas ­a la cantidad, al tiempo, al número, al espacio y son absolutas. ­
Para hacer mención a la tercera categoría de esta esfera ontológica, tenemos que: un análisis de lo que significa no ser indiferente, revela que la no-indiferencia implica siempre un punto de indiferencia y que eso que no es indiferente se aleja más o menos de ese punto de indiferencia. Por consiguiente, toda no-indiferencia implica estructuralmente, la polaridad. Esto quiere decir que todo valor tiene su contravalor. Al valor conveniente se contrapone el valor inconveniente; a bueno se contrapone malo; a generoso, mezquino; a bello, feo; a sublime, ridículo; a santo, profano. Por lo que, todo valor tiene su contravalor negativo o positivo.
Por otro lado, observamos que los valores tienen jerarquía. Hay una multiplicidad de valores. Estos valores múltiples son todos ellos valores, o sea modos del valer, como las cosas son modos del ser. Pero los modos del valer, son modos de la no-indiferencia. Ahora, el no ser indiferente es una propiedad que en todo momento y en todo instante, sin faltar un ápice, tiene que tener el valor. Luego, la tienen que tener también los valores en sus relaciones mutuas. Y esa no-indiferencia de los valores en sus relaciones mutuas, unos con respecto a otros, es el fundamento de su jerarquía.
Tomando como referencia la clasificación de Scheler, los valores se podrían agrupar en los siguientes grupos o clases: pri­mero, valores útiles; por ejemplo, adecuado, inadecuado, con­veniente, inconveniente. Luego, valores vitales; como por ejemplo fuerte, débil. Valores lógicos; como verdad, false­dad. Valores estéticos, como bello, feo, sublime, ridículo. Valores éticos, como justo, injusto, misericordioso, despia­dado. Y, por último, valores religiosos, como santo, profano. Pues bien; entre estas clases o grupos de valores, existe una jerarquía. Es de­cir que los valores religiosos serían superiores a los valores éticos; los éticos superiores a los valores estéticos; los valores estéticos su­periores a los lógicos y que éstos, supe­riores a los vitales, y éstos últimos superiores a los útiles.
Esta superioridad puede verse si esquemáticamente señalamos un punto con el cero para designar el punto de indiferencia, los valores, siguiendo su polaridad, se agruparán a derecha o izquierda de este punto, en valores positivos o valores negativos y a más o menos distancia del cero. Si nosotros tenemos que optar entre salvar la vida de un niño, que es una persona y, por lo tanto, contiene valores morales supremos o dejar que se queme un cuadro, prefe­riremos que se queme el cuadro. Esto es lo que quiere decir la jerarquía de los valores. Habrá quien no tenga la intuición de los valores estéticos y entonces preferirá salvar un libro de una biblioteca antes que un cuadro. De esta manera llegamos a esa última cate­goría estructural ontológica de la esfera de los valores: la jerarquía.
Precisamente porque los valores no son, es por lo que no atentan ni menoscaban en nada la unidad del ser. Puesto que no son, es decir, que valen, son cualidades que están necesariamente adheridas a las cosas. Representan lo que en la realidad hay de valer. Justamente porque los valores no son entes, sino que son cualidades de entes, su homogénea unión con la unidad total del ser no puede ser puesta en duda. En fin, los valores no son, sino que representan cualidades valiosas, cualidades valentes, de las cosas mismas. Ahí está la fusión completa, la unión perfecta con todo el resto de la realidad.
En consecuencia, dado que los valores son cualidades necesariamente de cosas y, además, constituyen cualidades valentes de las cosas mismas y están perfectamente unidos con el resto de la realidad, es imperante su estudio, análisis y reflexión profunda desde las diversas áreas del saber, puesto que de ellos depende la Patria, tal como lo reconociera Ramiro de Maeztu. Los valores permiten comprender que todo lo que existe, "existe por algo y para algo"; que cualquier ser, por pequeño que sea, tiene su sentido y su razón de ser, es decir, Vale.
Los valores reflejan la personalidad de los individuos y son la expresión del tono moral, cultural, afectivo y social marcado por la familia, la escuela, las instituciones y la sociedad en que nos ha tocado vivir. Los valores nos permiten definir con claridad los objetivos de la vida, nos ayudan a aceptarnos tal y como somos y a estimarnos, al tiempo que nos hacen comprender y estimar a los demás. Dan sentido a nuestra vida y facilitan la relación madura y equilibrada con el entorno, con las personas, acontecimientos y cosas, proporcionándonos un poderoso sentimiento de armonía personal.
Por tanto, la acción educativa debe orientar sus objetivos en la ayuda al educando para que aprenda a guiarse libre y razonablemente por una escala de valores con la mediación de su conciencia como "norma máxima del obrar". Ello implica, también, ayudarle para que sepa descubrir el aspecto de bien que acompaña a todas las cosas, sucesos o personas; para que aprenda a valorar con todo su ser, a conocer con la razón, querer con la voluntad e inclinarse con el afecto por todo aquello que sea bueno, noble, justo y valioso.

lunes, 5 de septiembre de 2011

CURRÍCULO Y EDUCACIÓN

     Hablar de currículo implica tomar en consideración distintos elementos que están imbricados en esta palabra. No obstante, de modo general, se puede entender al currículo educativo como el conjunto de competencias, objetivos, contenidos, criterios metodológicos y de evaluación que viabilizan la formación de las personas, el cual está enmarcado por un contexto donde se conjugan acciones socioculturales, políticas, económicas, entre otras. El currículo no puede verse separado de la totalidad de la sociedad, debe estar históricamente situado y culturalmente determinado, debido a que es un acto político y responde a una filosofía de vida.
     A lo largo de la historia educativa, hemos experimentado cambios curriculares que indiscutiblemente han movido las bases de los procesos de enseñanza y de aprendizaje, y han marcado pautas y diferencias entre las naciones. En la antigua Grecia, por ejemplo, la enseñanza estaba centrada en el trivium (artes preparatorias referidas a la retórica, gramática y a la dialéctica) y el quatrivium (comprendía la aritmética, geometría, astronomía y la música). Ya a la mitad del Siglo V a.C., los Sofistas introducen  el tema de la cosa pública, es decir, el supuesto de una educación cívica, donde el hombre participa y se interesa por el gobierno. Por su parte, en la Edad Media, con la Escolástica, se impone una educación donde se sobrepone la fe a la razón. De igual forma, con la inclusión de la filosofía arábigo-judía, se inicia un nuevo saber científico, presentando un diseño curricular más amplio y heterogéneo, agrupado en las facultades de arte y teología. Estos cambios fueron acrecentándose paulatinamente, llegando a las especializaciones y a la división del sujeto-objeto; lo que trajo consigo una gran variedad de disciplinas favorecidas por el impacto de la Revolución Industrial, la cual exigió el fraccionamiento de las tareas y, por ende, la especialización disciplinaria.
     Ahora bien, ubicándonos un poco más acá, en el Siglo XIX, nos encontramos con estudios y enfoques psicológicos que han establecido ideas  respecto a cómo los individuos actúan y obtienen los aprendizajes. Entre los estudiosos, destacan Pavlov (1909), Watson y Thorndike (1911), Skinner (1938), quienes realizaron investigaciones para hacer de la psicología una ciencia, dedicándose a estudiar a través de formas artificiales, que fueron tomadas como arquetipo en el ámbito educativo y llevaron a presentar los programas de enseñanza orientando el aprendizaje del individuo como si fuera una máquina que no piensa ni razona.
Estas posturas conductistas, al no responder a los requerimientos de la época, subestimando el pensamiento a la actividad consciente del individuo, dio lugar a la formación del paradigma cognitivo con sus diferentes enfoques y propulsores, entre los que destacan: Jean Piaget (Constructivismo genético),  Ausubel (Constructivismo disciplinario), Bruner (Constructivismo instructivo) y Vigotsky (Constructivismo social). De este modo, se aprecia como el currículo ha estado influenciado por perspectivas diversas que  tratan de explicar  el aprendizaje y sus formas de adquisición.
     Obviamente, los cambios curriculares son constantes y responden, como ya se ha dicho, a la sociedad y a sus culturas. Es por ello que, el currículo debe orientarse en la formación de un individuo con conocimientos, actitudes, valores y habilidades fundamentales para satisfacer las necesidades éticas, políticas y económicas en los ámbitos social y laboral. En este contexto, es preciso referir la existencia de un currículo explícito y un currículo implícito, que será entonces el subconsciente de la organización y el funcionamiento escolar.
     El currículo incluye en sí mismo un plan de enseñanza que es el componente esencial, pero esto no debe nunca confundirse con los planes de estudio que están contenidos en un diseño curricular o plan de enseñanza. De igual forma, es preciso referir el papel determinante que juegan el perfil académico y las competencias. El primero, integra las características cognoscitivas, axiológicas y afectivas que demanda la profesión (Conocer, Ser y Convivir) y, las segundas, se relacionan con las condiciones de trabajo en cuanto a las habilidades y destrezas adquiridas  por el profesional (Hacer).  Por lo que, la educación debe estar basada en principios, indicadores y herramientas que proporcionen las estrategias de acción manifiestas o internalizadas,  de carácter intelectuales y motrices, para alcanzar el desarrollo de competencias acordes con la expectativas e innovaciones que avasallan a la sociedad.
     En tal sentido, es en el diseño curricular donde se perfilan los elementos y las etapas de la estructuración del modelo curricular: componentes básicos de especialidad y de investigación y la orientación de la administración de las unidades curriculares, que deben contener el “conjunto de conocimientos, procedimientos y actitudes combinados, coordinados e integrados en la acción, adquiridos a través de la experiencia (formativa y no formativa profesional …), que permite al individuo resolver problemas específicos de forma autónoma y flexible en contextos singulares”. (Tejada Fernández, J., 1999, p.20). Elementos que conjugan los saberes teóricos y prácticos en los que debe formarse, competentemente, la persona.
     Tomando en consideración lo referido, puede afirmarse que el enfoque de competencias resultaría ser un paradigma desestabilizador para la construcción de conocimientos en la contemporaneidad, si es abordado desde una óptica transdisciplinaria, que implicaría la fusión teórico-práctica de los saberes y la comprensión del hombre en interacción con el mundo, los métodos, las perspectivas y los principios dialógicos; que vienen a constituirse en un sistema abierto en permanente reestructuración de los conocimientos.

viernes, 24 de junio de 2011

Cultura Vs Época

Los elementos que integran la cultura son creaciones hechas por el hombre dentro de su quehacer en un grupo social donde las creencias, la economía, la política, la técnica, las costumbres, el arte, el folklore y otros componentes similares, dan como resultado la idiosincrasia de un pueblo, es decir, todo aquello que ha influido de manera significativa en el proceso de formación individual y en el de la comunidad local, regional, nacional y universal.
Buena parte de esta cultura la conforman dentro de las que generalmente se encuentran las manifestaciones folclóricas y religiosas, Estas se manifiestan en el tiempo como patrimonio común de un pueblo, por ser trasmitido de manera continua, a través de un proceso de aprendizaje espontáneo en la convivencia de una comunidad que empíricamente adopta un conocimiento del cual no sabe su origen, pero que acepta y casi siempre sigue transmitiendo, convirtiéndolo en hecho colectivo, como un patrimonio compartido por todos los miembros de una comunidad. 
Estas costumbres y tradiciones, en nuestro caso, no son netamente originarias, pues son producto de la estrecha vinculación de las culturas indígena, española y africana y que en la actualidad se relacionan dinámicamente con la globalidad de los pueblos que conforman el mundo. Los aborígenes venezolanos,  fueron interceptados en sus costumbres, y obligados a adoptar las de los colonizadores y a aceptar las del negro esclavo. De ahí la variedad de tradiciones según la zona: el uso de instrumentos musicales, el culto a los santos, la variedad gastronómica, atuendos y normas propias de cada lugar.
Los caracteres enumerados están estrechamente relacionados con lo que para algunos constituye la herencia histórica, sin embargo, "no se trata de un proceso simple de agregación, de sumatoria de rasgos o de bienes culturales, sino de reactualización de los mismos y de incorporación de los nuevos. Existen hechos que pueden trascender las fronteras de una región o nación y hacerse del dominio Universal. Esto lo lleva a ser parte de la cultura general que va internalizándose en el ser humano desde temprana edad, y su práctica constante pasa a ser parte de la formación cultural de cada persona. En tal sentido, González (1991), enuncia: “lo cultural está constituido por las representaciones y valores que una sociedad se hace de sí misma” (p.74) vale decir, que por ser la cultura creación humana, es susceptible de ser aprendida, trasmitida y asumida, hasta darle un significado espiritual que se convierte en razón de vida para que el alumno se sienta partícipe del proceso histórico.
En tal sentido, los estudios sobre la cultura popular tradicional en Venezuela  han estado marcados; por el concepto de folklore, término que propone en 1846 William Thoms en el ámbito de los estudiosos y aficionados a las "antigüedades", tan de moda desde comienzos del siglo XVIII. Este concepto es entendido de diferentes formas según los autores, las épocas, las tendencias, y ha tenido dificultades para encontrar su objeto de estudio y su especificidad como "ciencia" entre los estudios literarios, musicales, la arqueología, la sociología y la antropología.
Una constante entre los folklorólogos, entre estos Sevilla (1990), Alonso (1966), y Duran (1980), que a pesar de sus diferencias, es su concepción apocalíptica de la cultura popular frente a la modernización de la sociedad: se están acabando las tradiciones bajo la locomotora implacable del progreso, por eso hay que recogerlas, fotografiarlas, filmarlas y grabarlas. La cultura popular tradicional no es actual, es una “supervivencia” del pasado, una especie de fósil viviente que hay que proteger y exhibir en esos “zoológicos culturales” que son los festivales folklóricos, los museos y los centros de documentación.
Los proyectos folkloristas se ligan desde un comienzo a proyectos nacionalistas, en el folklore, en ese pasado idealizado, embalsamado y consagrado por la autoridad del folklorista, está la esencia de la identidad nacional. La cultura popular tradicional se “cosifica”, se “objetualiza” en el museo o en el libro. Se abre, entonces, la casuística, la enumeración de “rasgos auténticos”, las bases para los concursos y festivales “folklóricos” con el fin de preservar la “pureza” de las “expresiones folklóricas”. Cuestionar, interrogar el concepto de folklore y las elaboraciones que de la cultura tradicional han hecho los folkloristas bajo ese mismo nombre, es herir la sensibilidad popular, es negar la identidad, las raíces, los valores “propios” de la cultura venezolana.
Al mismo tiempo, los festivales y concursos folklóricos se organizan a partir de estos “manuales” del folklore. Es decir, que la música viva y las expresiones populares se reglamentaron a partir de investigaciones muy deficientes y que no dan cuenta de la complejidad y de los procesos de la música popular tradicional en el país. Se reglamenta el vestido "típico", la coreografía, la instrumentación, se adoptan versiones "oficiales" de melodías anónimas o se  dan encendidos debates sobre la mayor "autenticidad" de una versión con respecto a otra. Esto genera un proceso de uniformización de la cultura popular en todo el país, cercenando su creatividad,  condenando y negando su diversidad y dinamismo. La omnipresencia de estos textos es prácticamente total, no sólo por lo señalado anteriormente sino porque entre ellos se nutren, se refuerzan, se copian, se reproducen en una espiral cada vez más amplia.
Stangi Gómez
C.I. 8.628.662