viernes, 8 de febrero de 2013

Gestión Social

Iniciaré este escrito considerando que, etimológicamente, gestión social, se conforma de palabras que provienen del latín. Así, en primer lugar, está el vocablo gestión proveniente de gestio, que es fruto de la suma de gestus, que significa “hecho”, y del sufijo tio, que puede traducirse como “acción y efecto”. En segundo lugar, está la palabra social que, a su vez, tiene su origen en el vocablo latino socius, que es equivalente a “compañero”.  

Por lo que, la gestión social está íntimamente relacionada con la construcción de diversos espacios para la interacción social. Se trata de un proceso que se lleva a cabo en una comunidad determinada y que se basa en el aprendizaje colectivo, continuo y abierto para el diseño y la ejecución de proyectos que atiendan necesidades y problemas sociales. En consecuencia, implica el diálogo entre diversos actores, como los gobernantes, las empresas, las organizaciones civiles y los ciudadanos.

Todo ello da lugar a hacer referencia a una serie de cuestiones que también funcionan como sinónimo de gestión social o que realmente se convierten en elementos indispensables de la misma para que ella pueda llevarse a feliz término. Este sería el caso de lo que se conoce como autogestión, desarrollo comunitario o gestión comunitaria. De acuerdo al Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente (ITESO), la gestión social es un proceso completo de acciones y toma de decisiones, que incluye desde el abordaje, estudio y comprensión de un problema, hasta el diseño y la puesta en práctica de propuestas. 

El proceso requiere de un aprendizaje conjunto y continuo para los grupos sociales, que les permita incidir en el diseño de las políticas públicas. De esta forma, la gestión social se constituye como un canal mediante el cual la comunidad actúa, con espíritu emprendedor, para promover un cambio social. Para su éxito, es necesario reforzar los lazos comunitarios y trabajar por la recuperación de la identidad cultural y de los valores colectivos de la sociedad en cuestión.

En consecuencia, desde el punto de vista formativo, el reto es desarrollar la capacidad de gestión para responder a la complejidad que atraviesan los niveles de interrelación e interacción de los actores, sectores, poderes y voluntades que realcen la importancia de las dinámicas que viven las comunidades, quienes son las que generan el desarrollo. Un desarrollo coherente, integrador y armónico donde todos los actores sociales, públicos y privados, se construyan como sujetos capaces de articular esfuerzos, voluntades, poderes, con miras a gestionar sus propias transformaciones particulares en colectivos, en un contexto de civilidad y desde un Estado Social de Derecho en donde las personas se sientan partícipes y protagonistas de las relaciones sociales; no solo receptores de derechos, sino también de obligaciones y nuevas responsabilidades sociales.

 

viernes, 11 de enero de 2013

Figura Jurídica del Hogar


Nociones generales

          Etimológicamente, la palabra hogar proviene del latín «focus» – «hogar» (como lugar en la casa donde se prepara el fuego), que luego viene extendido a referirse a la casa misma o a la familia que habita en ella. El término hogar es utilizado muy corrientemente por las personas para denominar el lugar donde viven y que está estrechamente relacionado con una sensación de seguridad, confort, pertenencia y calma.  Se eligió esta palabra, por la acepción que tiene el término, que es el sitio de la casa en el que se prende el fuego y en el cual solía reunirse la familia en el pasado cuando no existían las estufas o los splits frío/calor para calentarse y alimentarse. En consecuencia, hogar se usa para designar a un lugar donde un individuo o grupo habita, creando en ellos la sensación de seguridad y calma. En esta sensación se diferencia del concepto de casa, que sencillamente se refiere a la vivienda física. El hogar va más allá, ya que es un proyecto interminable, puesto que no se trata de tener una casa o un piso, sino de tener un lugar cada vez más propio e íntimo, un lugar donde se pueda convivir.

Por otro lado, también se entiende como hogar un conjunto de bienes destinados al uso y disfrute exclusivo de la familia, excluido de la responsabilidad patrimonial del sujeto que lo ha constituido. El hogar es un caso característico de patrimonios separados de nuestra legislación, tiene mucha importancia la expresión del artículo 632 del Código Civil, que lo califica de manera expresa "como excluido absolutamente de su patrimonio y de la prenda común de sus acreedores" (p. 114), con lo cual señalan la existencia de una masa de bienes (hogar) distinguido del patrimonio.

 
Ubicación Legal

          Legalmente, el hogar se encuentra ubicado en el Parágrafo 2o de la sección II, Del uso, de la habitación y el Hogar,  del título III del libro segundo del Código Civil venezolano (1982), como una de las limitaciones de la propiedad. Con la distinción entre límites y restricciones o limitaciones de la propiedad. La institución del hogar no es propiamente una limitación en sentido de restricción de la propiedad sino un límite de la propiedad.

En Venezuela la institución del hogar aparece con el Código Civil de 19 de mayo de 1896. Hasta esa fecha en nuestros Códigos Civiles de 1862, 1867,1873 y 1880, se regulaba, como unas de las limitaciones a la propiedad, aun cuando en parágrafo separado, conjuntamente y las servidumbres, el uso y la habitación, pero no como inembargables ni inejecutables.  Por su ubicación en el Código Civil venezolano, podría pensarse que el hogar es un derecho real de goce en cosa ajena, distinto de los demás y cuyo contenido seria de habitar el inmueble. Ahora bien, es evidente que el hogar en cuanto sea constituido por una persona para sí mismo no constituye un derecho real distinto de la propiedad. En efecto, por una parte, ello sería contrario al principio nemine res sua servit, ese pretendido derecho carecería de contenido pues las facultades que pudieran señalarse como concedidas por él ya están comprendidas dentro del derecho de propiedad. Por estas razones, la constitución del hogar en el caso señalado solo tiene por efecto la exclusión del inmueble del patrimonio del constituyente en el doble sentido de que pierde el libre poder de disposición del mismo y de que sus acreedores ven disminuida su prenda común.

El hogar no es propiamente ni una propiedad limitada ni una propiedad restringida, por lo cual no es una propiedad imperfecta. Es más bien, una propiedad anómala, ya que sobre ella no tiene una facultad absoluta de disposición (jus abutendi) que se aparta de la propiedad normal para ser regida por normativa propia, en concordancia con la finalidad que con ella se persigue: la protección del techo de la familia, el santuario del hogar. El hogar se asimila más propiamente a una fundación familiar, constituida por una persona, que regularmente es el jefe de la familia, y aun por algún tercero para alcanzar por vía de donación el propósito señalado, base patrimonial necesaria para el sosiego y desarrollo familiar.

 
Personas que pueden constituir el hogar

El hogar legalmente constituido está establecido conforme al artículo 632, del Código Civil vigente, mediante el cual una persona puede constituir un hogar para sí y para su familia, excluido absolutamente de su patrimonio y de la prenda común de sus acreedores, el cual puede establecerse en favor de personas que existan en la época de su institución o constitución.

El padre o la madre que hayan reconocido su hijo como natural pueden constituir hogar en beneficio del hijo, aun cuando tengan descendencia legítima. No se requiere que el hijo sea menor. El padre o la madre adoptivos pueden, igualmente, constituir un hogar en beneficio de su hijo o hijos adoptivos. El artículo 634 del Código Civil, dispone que cada persona puede constituir como suyo el hogar y que “si constituye otro u otros, estos se regirán por las disposiciones de donación” (p. 114). De acuerdo con esta disposición, toda persona pero en tal caso se le rige por las normas sobre donación sin serlo, ya que la constitución de un hogar es un acto de administración y no de disposición. Esta disposición permite a parientes crear el nido de una familia que va a nacer.

 
Bienes susceptibles de ser constituidos en el hogar

Durante el matrimonio, uno u otro de los cónyuges puede constituir un hogar, incluso no existiendo hijos entre ellos. El marido puede constituir en hogar: (a) los bienes que le pertenezcan en exclusiva propiedad; (b) los bienes en comunidad conyugal, cuando los cónyuges están casados bajo el régimen de comunidad conyugal y el (c) los bienes propios de la cónyuge y su administración con la tolerancia de ella, según lo dispuesto en el artículo 155 del Código Civil. Si se considera la constitución del hogar, es de la comunidad conyugal, dado que el hogar puede prologarse más allá después de la disolución del matrimonio, se requiere el consentimiento de ambos cónyuges conforme el artículo 168 del Código Civil. La cónyuge, por su parte, puede constituir un hogar sin el consentimiento o acuerdo del esposo con base en los bienes sobre los cuales ella tiene administración propia: (a) los bienes que les son propios, adquiridos antes del matrimonio, (b) en caso de régimen de separación de bienes, todos los bienes personales; y (c) los bienes de la comunidad que hubiere adquirido con su trabajo personal o por cualquier otro título legítimo conforme el artículo 168 del Código Civil.

 
Procedimientos y efectos de la constitución del hogar   

Los procedimientos y efectos de la constitución del hogar están especificados en los artículos del 637 al 639, del Código Civil venezolano, tal como se expresa seguidamente:

La persona que pretenda constituir hogar, deberá ocurrir por escrito al Juez de Primera Instancia de la jurisdicción donde esté situado el inmueble destinado para aquel objeto, haciendo la declaración correspondiente con designación clara y precisa de las personas a cuyo favor lo constituya, si tal fuere el caso, y así mismo expresar la situación, cabida y linderos del predio y demás datos que tiendan a describir dicho inmueble.

Con la solicitud mencionada acompañará su título de propiedad, y una certificación expedida por el Registrador respectivo relativa a los últimos veinte (20) años, para comprobar que no existe gravamen vigente sobre el inmueble que se va a constituir en hogar.

De este modo, el Juez de Primera Instancia mandará a valorar el inmueble por tres (3) peritos, elegidos uno por el solicitante, otro por dicho Magistrado y el tercero por los mismos dos peritos o por el Juez, cuando aquéllos no estuvieran de acuerdo. Sin embargo, el interesado podrá convenir en que el justiprecio lo haga un solo perito nombrado por el Juez. El mismo Juez ordenará que se publique por carteles la solicitud, en un periódico de la localidad, durante noventa (90) días, una vez cada quince (15) días, por lo menos, y si no hubiese ningún periódico en ella, en el que se edite en alguna de las poblaciones cercanas.

Transcurridos los noventa días de la publicación referida, y llenas las formalidades exigidas en los artículos precedente, sin haberse presentado oposición de ningún interesado, el tribunal declarará constituido el hogar en los términos solicitados, separado del patrimonio del constituyente, y libre de embargo y remate por toda causa u obligación, aunque conste de documento público o de sentencia ejecutoriada; y ordenará que la solicitud y declaratoria se protocolicen en la Oficina de Registro respectiva, se publiquen por la prensa tres veces, por lo menos, y se anoten en el Registro de Comercio de la jurisdicción.

Mientras no se haya cumplido con todas estas formalidades, el hogar no producirá los efectos que le atribuye la Ley, y si ellas no se hubieren realizado en el término de noventa días, quedará sin lugar la declaratoria del Tribunal. Si antes de la declaración judicial hubiere oposición, el Tribunal la resolverá por los trámites del juicio ordinario.

Por su parte, en el artículo 640 del Código Civil, se deja claro que el hogar no podrá enajenarse ni gravarse sin oírse previamente a todas las personas en cuyo favor se haya establecido, o a sus representantes legales, y con autorización judicial, que no dará el Tribunal sino en el caso comprobado de necesidad extrema, y sometiéndola a la consulta del Tribunal Superior.
 
Extinción del hogar

La extinción del hogar  puede darse, en los siguientes casos, de acuerdo a lo dispuesto en los artículos 641, 642 y 643:

1.            Cuando hubiere fallecido el último miembro de la familia para quien fue constituido el hogar, o cuando haya fenecido el derecho a gozar de él, según lo establecido en los artículos 636, 642 y 643, volverá el inmueble al patrimonio del constituyente o de sus herederos, a menos que el dominio se haya traspasado a la persona o personas en cuyo favor se constituyó el hogar.

2.            En caso de divorcio o de separación judicial de cuerpos, conservará el derecho al hogar aquel a quien se atribuya la guarda de los hijos. Cuando no existan hijos, el hogar quedará extinguido; sin embargo, si hubieren descendientes y el hogar hubiese sido constituido también a favor de ellos, les corresponderá el derecho al hogar. En los casos de separación de cuerpos convertida en divorcio, los interesados decidirán lo relativo al hogar en el escrito de separación, sin perjuicio de los demás beneficiarios. Si no hubiere acuerdo, el Juez determinará cuál de ellos gozará del hogar o lo declarará extinguido, según las circunstancias.

3.            En caso de nulidad de matrimonio el derecho al hogar se regirá según lo dispuesto en el artículo 127.

4.            Los beneficiarios, mayores de edad, que sean de mala conducta notoria, pierden su derecho al hogar.

jueves, 6 de diciembre de 2012

La escuela en el contexto de la Educación Bolivariana


La educación bolivariana concibe a la escuela como centro del quehacer comunitario; en esta perspectiva, las instituciones educativas deben promover actividades que orienten el protagonismo y la participación de los sujetos, bajo los principios de corresponsabilidad, en la que intervienen todos los actores del hecho educativo. Esta particularidad de considerar a la escuela como espacio de práctica constante que fortalece la comunicación y la colaboración, está en consonancia con lo propuesto en la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, en el Proyecto Educativo Nacional y, de manera especial, se vislumbra en el Plan de Desarrollo Económico y Social de la Nación, con lo cual se aspira transformar la debilidad individual en fuerza colectiva, teniendo en cuenta que el establecimiento de la organización no implicará menoscabo de la independencia, autonomía, libertad y poder originario del individuo sino que prevalezcan los elementos en común, que permitan construir una comunidad.

En este sentido, los elementos políticos, económicos, sociales y, particularmente educativos,  deben estar íntimamente conectados para garantizar la formación de las nuevas generaciones.  Esta interrelación es tan determinante en la sociedad, puesto que garantiza la transformación política-ideológica que el Estado, como ente rector, debe dirigir,  conformándose como un sistema. Un sistema que debe ser flexible,  permeable y abierto; debido a que el saber popular es fundamental para adecuar los espacios, contextualizar los conocimientos y garantizar la resolución de problemas, en un marco de equilibrio territorial, donde la comunidad desarrolle la capacidad propia de innovar, trabajar, organizar, crear y recrear culturas. Todo ello,  en defensa de la seguridad social y en pro  de que el ser humano se vincule con la  familia, la sociedad y el Estado, para avanzar en respuestas que dejen saldos organizativos y bien direccionados.

En consecuencia, la escuela debe propiciar actividades que vayan en función de conocer las múltiples expresiones culturales, procesos de trabajo, de producción y tradiciones existentes en la comunidad. Pues, en ella deben establecerse escenarios que permitan la organización y el desarrollo de asociaciones, grupos de trabajo comunal, organizaciones de base, consejos estudiantiles, entre otros, como práctica para impulsar el desarrollo de acciones comunitarias y solidarias. Es así como la escuela, bajo un enfoque de sistemas, viene a considerarse como una herramienta que fomente el análisis de los elementos que la conforman, debido a que permitirá estudios de lo complejo a lo simple, del todo a las partes y viceversa. Es decir, en ella se conformarán equipos que faciliten  intercambio de ideas, que puedan aportar soluciones tanto escolares como comunales. De igual forma, en ella se podrá fomentar el espíritu organizacional y el sentido de la corresponsabilidad de las personas acorde con sus realidades. Debido a que debe conocerse el entorno que rodea a las instituciones educativas; saber con qué se cuenta y dirigir la planificación de las actividades,  tomando en consideración las fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas tanto de la escuela como de la comunidad. No obstante, este proceso no debe quedar hasta aquí, pues es preponderante que la escuela abra sus puertas; que todos y todas participen en  la planificación, en la ejecución, en la evaluación y, que del consenso, surjan las ideas, las propuestas y  los correctivos pertinentes para cada caso.

lunes, 20 de agosto de 2012

El Poder Ciudadano

El poder ciudadano es ejercido por el Consejo Moral Republicano, integrado por el Defensor del Pueblo, el Fiscal General de la República y el Contralor General de la República Bolivariana de Venezuela; tiene como objetivo prevenir, investigar y sancionar los hechos que atentan contra la ética pública y moral administrativa; velar por la buena gestión y la legalidad en el uso del patrimonio público, el cumplimiento y la aplicación del principio de legalidad en toda la actividad administrativa del Estado, e igualmente, promover la educación como proceso creador de la ciudadanía, así como la solidaridad, la libertad, la democracia, la responsabilidad social y el trabajo. El Poder Ciudadano es independiente y sus órganos gozan de autonomía funcional, financiera y administrativa. A tal efecto, dentro del presupuesto general del Estado se le asignará una partida anual variable. (Art. 274, CRBV, 1999).

martes, 29 de mayo de 2012

SENTIDO DE PERTENENCIA DE LAS COMUNIDADES

El sentido de pertenencia significa arraigo a algo que se considera importante. Desde el punto de vista social, representa el sentimiento que tiene una persona por el grupo humano o contexto al que se siente ligado por unos determinados valores culturales, históricos, familiares, entre otros. El principal y más importante núcleo de configuración de este sentido es la familia. Quienes aspiramos a una vida en comunidad, tenemos que luchar por  conservar nuestro sentido de pertenencia, que nos ayuda a mantener la cohesión humana, iniciando nuestro trabajo con la familia y proyectando este accionar, hacia nuestra participación en las actividades y organizaciones comunales, religiosas, estudiantiles, de voluntariado, culturales o recreacionales de nuestro entorno.
Estas acciones son una manera de fortalecer ese importantísimo sentido de pertenencia, como generador de cohesión intra e intergrupal, que al mismo tiempo que afianza nuestra identidad personal, nos permite ser más útiles a nuestros semejantes. El sentido de pertenencia fortalece el sentimiento  de que todos somos uno, que es como decir que al pertenecer a este mundo que Dios nos dio por heredad, todos nos pertenecemos y, por tanto, debemos querernos y socorrernos mutuamente. Este proceso se inicia, entendiendo los elementos clave de colaboración, cooperación, corresponsabilidad, comunicación y cohesión, en un solo equipo. El trabajo en equipo es vital para el éxito de toda comunidad. La mayor parte de las personas tiene conciencia de que "la suma es siempre superior a las partes", pero, ¿cuántos estamos realmente involucrados o conscientes de este proceso sinérgico?

viernes, 25 de noviembre de 2011

Tendencia Hegemónica y Procesos Educativos Latinoamericanos

Una vez que se produce la penetración de los europeos en América, se hace posible un contacto de razas, culturas y procesos históricos que hasta entonces tenían un curso independiente, se da la integración de los elementos que compondrán, posteriormente, la sociedad colonial. En lo que respecta a Venezuela, se puede decir que, en este primer contacto, el aborigen, sin hostilidad y con asombro, abre al español las puertas del nuevo mundo y hace sus mejores ofrendas. Pero, una vez pasado este periodo inicial del encuentro, nuestro aborigen tiene que reaccionar con heroísmo y valentía ante la actitud agresiva de esclavización que toma el colonialista. Tiene que hacer verdaderos esfuerzos para enfrentarse a quienes llegan a privarle de su libertad, posesiones y someterlo a la explotación.
De esta manera, se inicia ese largo período de ocupación y sometimiento de los aborígenes, quienes trataron de poner resistencia valientemente, pero que la superioridad de las armas de los conquistadores los dominó fácilmente. Este tipo de conquista se logró suavizar por la acción mediadora de los misioneros, quienes entablaron una colonización pacífica. Concluida la etapa de la conquista, se dio inicio al período de la colonización, este proceso se desarrolló con la clara delimitación de las clases sociales y con la ineluctable irrupción, no sólo geográfica sino también ideológica, cultural, económica, política y  educativa.
Con el transcurrir del tiempo, surge un sistema económico en el que los individuos y las empresas de negocios llevan a cabo la producción y el intercambio de bienes y servicios mediante complejas transacciones en las que intervienen los precios y los mercados (Se instaura en la segunda mitad del siglo XIX). Desde Europa, y en concreto desde Inglaterra, este sistema, conocido como capitalista, se fue extendiendo a todo el mundo, siendo el sistema socioeconómico casi exclusivo en el ámbito mundial.
Los intereses económicos son los más habituales cuando se tratan de explicar fenómenos sociales de dominación. Los defensores de esta concepción sostienen que las naciones se ven impelidas a subyugar a otras para expandir su economía, adquirir materias primas y mano de obra, o para dar salida a los excedentes del capital y producción. La teoría más notable que vincula el imperialismo con el capitalismo es la de Karl Marx. Lenin, por ejemplo, consideraba que la expansión europea del siglo XIX era la consecuencia inevitable de la necesidad de las economías capitalistas europeas de exportar su excedente de capital. Del mismo modo, los marxistas contemporáneos explican la expansión de Estados Unidos en el Tercer Mundo, basándose en imperativos económicos.
Por su parte, Althusser, seguidor de Gramsci, toma como punto relevante la dominación ideológica para así comprender la reproducción de las condiciones para la producción, este a diferencia de Marx y Lenin, destaca la importancia de la súper estructura jurídico-política e ideológica como un mecanismo de dominación del estado capitalista, con el fin de asegurar la reproducción del capitalismo.  Esto quiere decir que, no sólo se necesita de la fuerza de trabajo, sino de individuos que la ejecuten mandados ideológicamente. Da a entender que cierta posición económica es un factor determinante en la posición ideológica.
Además, dice que hay otras formas distintas que se encargan de asegurar la producción de la sociedad. Dentro de estas formas distintas se destacan los aparatos represivos y los aparatos ideológicos, estos favorecen la diferenciación de las principales formas de poder del Estado, ambos ejercen su dominación por medio de la represión y la ideología, estos se distinguen por la forma de cómo se introducen en la sociedad. Esta puede ser por medio de la violencia o mediante la ideología. El gobierno, la policía, el ejército, etc.; se encuentran en nuestra sociedad de una forma obligatoria. Los aparatos ideológicos son: la iglesia, la escuela, la familia, el sistema jurídico, el sistema político, sistema sindical, medios de comunicación e instituciones culturales. Para Althusser, el sistema educativo tiene la función de producir posiciones laborales, mediante la técnica y producir la interiorización de las relaciones de producción, a través de la inculcación de la subordinación y de las reglas esenciales de un determinado comportamiento.
Al respecto, Descombe, citado por Aguerredondo (1993), recalca la necesidad de profundizar en el impacto de la escuela como institución que actúa sobre las perspectivas y acciones de los docentes. La teoría se va a adaptar a la política que haya en esos momentos, depende de cómo se trabaje, ya sea pedagógicamente o políticamente y, a la vez, de cómo se puedan unir las dos. Los mismos que han realizado teorías de la resistencia conocen las limitaciones del sistema educativo, va a la par con el nivel social. Para cambiar el sistema educativo hay que ir cambiando, conjuntamente, la sociedad.
Retomando el elemento económico, el cual no está desligado de lo socio-educativo, Águila (2006) sostiene que los efectos del imperialismo suelen girar en torno a los aspectos económicos, dado que esta perspectiva es la que prevalece en los debates sobre sus posibles móviles. La polémica surge entre aquellos que creen que el imperialismo implica explotación y es la causa del subdesarrollo y el estancamiento económico de las naciones pobres, y los que alegan que, pese a las ventajas que proporcionó esta situación a las naciones ricas, también las naciones pobres se beneficiaron, al menos a largo plazo. Lo que resulta evidente es que el efecto del imperialismo ha sido desigual: unas naciones han obtenido mayores ventajas económicas que otras de su contacto con potencias más ricas.
En lo que respecta a la pobreza en América Latina, se puede afirmar que ésta ha crecido escandalosamente en los últimos años, dejando estragos que han sido ignorados por falta de sensibilidad o de ética, pero que aun así; por razones políticas y sociales, el mencionado aspecto no se debe perder de vista. El crecimiento económico no es necesariamente re-distributivo, ni necesariamente alivia la pobreza, pero una efectiva intervención gubernamental puede hacer que sus frutos se distribuyan mejor entre los diversos grupos sociales, aminorando la pobreza y reduciendo la concentración del ingreso. El bajo crecimiento económico, en cambio, aunque reduzca la concentración del ingreso, genera más pobreza, agravando todos los males de la sociedad. Dicho pues de manera convencional: el crecimiento económico es condición necesaria, más no suficiente, para la lucha contra la pobreza.
En los años 80, se agudizó el problema histórico de la pobreza y aumentó la  exclusión social, pero también se mantuvieron las tendencias hacia una expansión de la cobertura de los servicios sociales, aunque con un gran deterioro de la calidad, como ha sido el caso de la educación y de la salud. La democratización, la inserción internacional, el descenso de las remuneraciones mínimas, el aumento de la cobertura educativa y la acentuada masificación de los medios de comunicación social eran factores que sugerían profundas transformaciones en función del desarrollo de la América Latina.
Se parte de que en el período 1950-1980 se vivió un proceso de modernización socioeconómica acelerada, con una sostenida expansión del sistema educativo formal y de sus capacidades de investigación científico-tecnológica, hubo un fuerte crecimiento de la población en edad escolar (3% del promedio anual), grandes movimientos migratorios que incidieron en los patrones de urbanización, una gran alteración de la estructura del empleo y un aumento significativo de la participación laboral de la mujer.
Como síntesis, en lo educativo, se dice que: hubo una drástica reducción de la tasa de analfabetismo absoluto, pero el perfil educativo regional sigue siendo deficiente, lo cual se evidencia en los siguientes indicadores: el nivel educacional es de seis años; la mitad de la fuerza laboral no ha completado la educación primaria; la masificación tuvo un impacto inequitativo; mayormente la calidad de la educación es deficiente, sin vinculación con los requerimientos sociales; la investigación se concentra en las universidades, desvinculada del aparato productivo, con participación ínfima en el contexto internacional; los institutos de formación profesional, como enlace entre el sistema educativo formal y las empresas, han perdido vigencia y capacidad de respuesta; la expansión educativa y el esfuerzo científico-tecnológico y de formación han obedecido más a presiones sociopolíticas que a los requerimientos de desarrollo.
Aún existe cierta opresión en el sistema educativo para con los estudiantes, se impone un modelo a seguir, en cualquier tipo de escuela, se entregan las herramientas y cado uno tiene que valerse por sí mismo siguiendo los patrones preestablecidos. Las limitaciones que se tienen y probables casos de deserción serían la pobreza o la escasez de colegios en zonas rurales. Puede que no se noten estos problemas en la educación escolar, pero sí se notan en los estudios posteriores, como lo son las universidades, institutos profesionales, entre otros, en los cuales no todos pueden estudiar, ya sea por problemas económicos o por problemas académicos. Aunque se dan cierto tipo de facilidades como becas, créditos y distintas ayudantías, de igual forma que en el pasado, la clase alta tiene mayor tipo de posibilidades de surgir que la clase baja.
El modelo de desarrollo económico y los problemas de la integración social y la pobreza, han influido para que los sistemas de producción y difusión del conocimiento tengan un carácter polarizado y sin base integradora. La administración de los mismos se ha burocratizado de tal manera que cada uno constituye un segmento cerrado, lo que implica un aislamiento institucional y corporativo. Todo esto ha provocado una radical separación entre el sistema de formación de recursos humanos y las necesidades de desarrollo del nuevo contexto socioeconómico y del debate internacional sobre el destino de la educación. (Ottone y Mendoza 1997, s/n)
Todo parece confirmar que se ha llegado al término de un proceso de desarrollo educativo mediante el cual la región obtuvo importantes logros cuantitativos a expensas de menoscabar la eficiencia, la calidad y la equidad. Pasar de ese sistema a otro que privilegie la calidad de la enseñanza y su efectiva difusión a todos los niveles de la sociedad, así como las sinergias entre los distintos procesos de generación y difusión del conocimiento y entre ellos la economía, es el reto de la América Latina y el Caribe, una constante en todos los discursos educativos sobre la región.
Actualmente, América Latina muestra un mayor nivel de conciencia pública sobre la importancia de la educación en las estrategias de desarrollo, todo lo cual puede estudiarse en el aumento relativo de la inversión en educación y en el avance en la implementación de reformas institucionales, especialmente en lo que se  refiere a la descentralización educativa y la puesta en práctica de sistemas alternos de evaluación de los resultados. Pero todo esto es insuficiente porque, además de que hay que recorrer nuevas sendas para el mejoramiento de las formas de administrar, organizar y gestionar los sistemas educativos, tanto en los ámbitos nacionales y locales, como en la misma institución escolar, hay que recorrer un largo camino en el ámbito de las mejoras en el campo estrictamente pedagógico.
Hay datos muy preocupantes sobre los aprendizajes que logran los estudiantes y la relación de estos con las necesidades de desarrollo, autoconocimiento y autodesarrollo, y las expectativas sociales de las mismas, es decir, sobre la calidad, pertinencia y significatividad de los procesos de enseñanza y de aprendizaje y sus logros. Si a ello sumamos el casi unánime sentimiento de que lo que está en juego en la región, como demanda socioeducativa, es la competitividad económica y la gobernabilidad democrática de las sociedades, nos encontramos con un enorme desafío que trasciende lo estrictamente institucional.
Aunque hay una mayor preocupación y toma de conciencia sobre lo indispensable que es la educación en cualquier estrategia de desarrollo, lo que crea un ambiente propicio para la generación y difusión de las reformas escolares, todavía es mucho lo que falta por dilucidar, implementar y evaluar al respecto. Los cambios que se plantean desde el punto de vista de una serie de transformaciones que deben realizarse, incluyen posiciones conceptuales que se pueden indicar en los siguientes aspectos: hay que dejar de percibir a la educación, a la formación y a la investigación como compartimentos aislados, incomunicados, hay que verlas de manera integral, en su actuación, mediante un enfoque sistémico. Es necesario pasar de una administración burocrática, dirigista y centralizadora hacia formas de gestión en la que el Estado pueda regular desde la distancia y promover. Hay que dar impulso a las autonomías e implementar formas de evaluación que garanticen la calidad y la equidad.
La educación ha de dejar de ser segmentadora, con sistemas y funciones educativas cerradas, y asumir una función integradora y compensadora, a través de sistemas abiertos y flexibles. Los docentes han de ser vistos como parte fundamental de cualquier estrategia educativa, lo que implica pasar de una subvaloración social y económica a una valorización de la profesión prestigiosa y meritoria. La ciencia y la tecnología forman parte importante de cualquier planteamiento que vincule la educación y el desarrollo, por lo tanto, debe dejar de ser un sector marginal para incorporarse activamente en las universidades, empresas y gobiernos.
Tal como lo plantea Tedesco (1998), una de las ideas centrales de los procesos de transformación educativa ha sido la hipótesis según la cual la educación es un factor de equidad social, pero que este vínculo no es unidireccional ni estático y que "...no se trata de solamente preguntarnos cuál es la contribución de la educación a la equidad social sino, a la inversa, ¿cuánta equidad social es necesaria para que haya una educación exitosa?". (p.1). La interrogante surge porque por debajo de la línea de subsistencia, los cambios institucionales o pedagógicos no tienen impacto en los resultados escolares de los estudiantes. Gran parte del problema de las dificultades para mejorar los resultados del aprendizaje debe verse en su relación con el deterioro de las condiciones de vida de los educandos que determinan, por debajo de esa línea de subsistencia, las "condiciones de educabilidad" con las cuales los estudiantes ingresan a la escuela.
La educabilidad se refiere a: (a) el desarrollo cognitivo básico que se produce en los primeros  años de vida, que está vinculado a una sana estimulación afectiva, buena alimentación y condiciones sanitarias adecuadas y (b) la socialización primaria mediante la cual los niños adquieren los elementos éticos y actitudinales que les permiten incorporarse a una institución especializada distinta a la familia, como la escuela. (Tedesco 1998, p.2). Si no se modifican esas condiciones de entrada que hacen que un alto porcentaje de educandos ingresen a la escuela con deficientes niveles de educabilidad, poco pueden hacer las instituciones educativas, por muy reformadas que estén. Aunque la educación sea un factor de equidad social, si no se garantizan unos niveles básicos previos, difícilmente se podrá educar con posibilidades de éxito.
Los procesos de transformación educativa tienden a dar prioridad a la reforma institucional y más específicamente, a la descentralización y a la creación de sistemas de medición de resultados. Esto último se explica por el hecho de que es una de las exigencias del Banco Mundial, que en sus políticas de asesoramiento y financiamiento incluye el desarrollo de mecanismos de medición de resultados de aprendizaje, que permitan "medir la calidad" de los mismos y hacerlos internacionalmente comparables. (Rama, 1994, p.25). Pero, ¿hasta qué punto, esos resultados reflejan la verdadera calidad educativa?
En síntesis, los países de la región han tomado conciencia del carácter prioritario de la educación, no obstante, ha habido históricamente un marcado carácter ideológico-atomicista y económico de dominación que desvirtúa el propósito fundamental de ésta. Es muy probable que en los últimos años, a medida que el cambio curricular se consolide, las reformas se orienten especialmente a consolidar estilos de aprendizaje humanistas y las pautas pedagógicas vigentes en las escuelas se conduzcan a través de metodologías emergentes, inter y multitransdiciplinarias que permitan la construcción del conocimiento que se genere de la interacción del hombre con la realidad de la cual forma parte, generando redes dinámicas y significativas de acción colectiva.

jueves, 27 de octubre de 2011

ONTOLOGÍA DE LOS VALORES

La patria es espíritu. Ello dice que el ser  de la patria se funda en un valor o en una acumulación de valores, con los que se enlaza a los hijos de un territorio en el suelo que habitan. Ramiro de Maeztu (1875-1936).

Iniciaré este escrito haciendo referencia al pensamiento de Ramiro de Maeztu, quien considera al ser de la patria como un cúmulo de valores que se transmiten de generación en generación y que, además, regenta el comportamiento de los hijos, según las costumbres y tradiciones de las sociedades a las que pertenecen. Entonces, la patria es espíritu, vista desde ese vigor natural o fortaleza que estimula a las personas a obrar y que, además, ese ánimo, ingenio o vivacidad, dependen de las convicciones que orientan sus decisiones frente a sus deseos e impulsos y fortalecen su sentido del deber ser. Ahora bien, en este enunciado se encuentran  dos elementos que son de interés para el comentario del epígrafe que nos ocupa: ser (ontología) y valores.
La ontología es la investigación del ser en tanto que ser, o del ser en general, más allá de cualquier cosa en particular que es o existe. Aquí no termina todo, sino que una vez que se ha descubierto que las cosas tienen un ser,  se encuentra que, tanto las cosas reales como los objetos ideales “son”. De igual modo, hay que destacar las diferencias estructurales en cada uno de esos dos componentes. El ser de las cosas es un ser real, es decir, tem­poral y causal; mientras que al ser de los objetos ideales, se llama ideal, porque no es temporal ni causal. Las cosas reales y los objetos ideales los hay en mi vida, en nuestra vida, en el sentido de ser. No obstante, cabe preguntamos: ¿en qué sentido hay valores en nuestra vida?
En este contexto, hay que mencionar que las cosas de que se compone el mundo, en el cual vivimos, no son indiferentes, sino que esas cosas tienen todas ellas un acento característico, que las hace ser mejores o peores, buenas o malas, bellas o feas, santas o profanas. La no-indiferencia del mundo, y de cada una de las cosas que lo constituyen, consiste en que, ante las cosas, adoptemos una posición positiva o negativa, una posición de preferencia. Por consiguiente, objetivamente percibido, visto desde el lado del ob­jeto, no hay cosa alguna que no tenga un valor. Unas serán buenas, otras malas; unas útiles, otras perjudiciales; pero ninguna absolutamente indiferente.
En correspondencia con la opinión de García Morente (1980), los valores no son ni cosas ni impresiones subjetivas, porque “los valores no son”. Los valores no tienen esa categoría de ser, que tienen los objetos reales y los objetos ideales. Los valores no son y, por eso, no hay posibilidad de que tenga alguna validez el dilema entre ser cosas o ser impresiones. Entonces, para esta variedad ontológica de los valores, que consiste en que no son, a mediados del siglo pasado, el filósofo alemán Lotze propuso que: los valores no son, sino que Valen.
Existe una marcada diferencia cuando decimos que algo vale, no estamos refiriendo nada de su ser, sino que no es indiferente. Por lo que, “valer” es distinto a “ser”. La no-indiferencia constituye esta variedad ontológica que contrapone el valer al ser. La no-indiferencia es la esen­cia del valer. El valer, por tanto, es ahora la primera categoría de este nuevo mundo de objetos; delimitado bajo el nombre de valores. Los valores no tienen, pues, la cate­goría del ser, sino la categoría del valer.
 Valer significa tener valor, y tener valor no es tener una realidad entitativa más, ni menos, sino simplemente no ser indiferente, tener ese valor. Por lo que, el valor pertenece esencialmente al grupo ontológico que Husserl, siguiendo en esto al psicólogo Stumpf, llama objetos no independientes; o dicho en otros términos, que no tienen por sí mismos sustantividad, que no son, sino que se adhieren a otro objeto.   Ontológicamente, el valor y la cosa que tiene valor no los pode­mos separar. Esto es lo característico: que el valor no es un ente; sino que es siempre algo que se adhiere a la cosa y, por consiguiente, es llamado cualidad. Llegamos con esto a la segunda categoría de esta esfera. Los valores tienen la primera categoría de valer, en vez de ser; y la segunda categoría de la cualidad. Es una cualidad irreal, o sea que no es real; porque no es cosa. Una cualidad irreal es una cualidad tal que no podemos representar aparte del objeto que la posee. Si se separa la belleza de aquello que es bello, la belleza carece de ser; la belleza no es; no hay algo entitativamente existente, aunque sea idealmente. Por consiguiente, examinando las relaciones entre la cosa que tiene valor y el valor tenido por la cosa, llegamos a la conclusión de que la cualidad valiosa (el valor) es irreal. Por ello, los valores no son entes, sino valentes; ­son cualidades de cosas, cualidades irreales, cualidades ajenas ­a la cantidad, al tiempo, al número, al espacio y son absolutas. ­
Para hacer mención a la tercera categoría de esta esfera ontológica, tenemos que: un análisis de lo que significa no ser indiferente, revela que la no-indiferencia implica siempre un punto de indiferencia y que eso que no es indiferente se aleja más o menos de ese punto de indiferencia. Por consiguiente, toda no-indiferencia implica estructuralmente, la polaridad. Esto quiere decir que todo valor tiene su contravalor. Al valor conveniente se contrapone el valor inconveniente; a bueno se contrapone malo; a generoso, mezquino; a bello, feo; a sublime, ridículo; a santo, profano. Por lo que, todo valor tiene su contravalor negativo o positivo.
Por otro lado, observamos que los valores tienen jerarquía. Hay una multiplicidad de valores. Estos valores múltiples son todos ellos valores, o sea modos del valer, como las cosas son modos del ser. Pero los modos del valer, son modos de la no-indiferencia. Ahora, el no ser indiferente es una propiedad que en todo momento y en todo instante, sin faltar un ápice, tiene que tener el valor. Luego, la tienen que tener también los valores en sus relaciones mutuas. Y esa no-indiferencia de los valores en sus relaciones mutuas, unos con respecto a otros, es el fundamento de su jerarquía.
Tomando como referencia la clasificación de Scheler, los valores se podrían agrupar en los siguientes grupos o clases: pri­mero, valores útiles; por ejemplo, adecuado, inadecuado, con­veniente, inconveniente. Luego, valores vitales; como por ejemplo fuerte, débil. Valores lógicos; como verdad, false­dad. Valores estéticos, como bello, feo, sublime, ridículo. Valores éticos, como justo, injusto, misericordioso, despia­dado. Y, por último, valores religiosos, como santo, profano. Pues bien; entre estas clases o grupos de valores, existe una jerarquía. Es de­cir que los valores religiosos serían superiores a los valores éticos; los éticos superiores a los valores estéticos; los valores estéticos su­periores a los lógicos y que éstos, supe­riores a los vitales, y éstos últimos superiores a los útiles.
Esta superioridad puede verse si esquemáticamente señalamos un punto con el cero para designar el punto de indiferencia, los valores, siguiendo su polaridad, se agruparán a derecha o izquierda de este punto, en valores positivos o valores negativos y a más o menos distancia del cero. Si nosotros tenemos que optar entre salvar la vida de un niño, que es una persona y, por lo tanto, contiene valores morales supremos o dejar que se queme un cuadro, prefe­riremos que se queme el cuadro. Esto es lo que quiere decir la jerarquía de los valores. Habrá quien no tenga la intuición de los valores estéticos y entonces preferirá salvar un libro de una biblioteca antes que un cuadro. De esta manera llegamos a esa última cate­goría estructural ontológica de la esfera de los valores: la jerarquía.
Precisamente porque los valores no son, es por lo que no atentan ni menoscaban en nada la unidad del ser. Puesto que no son, es decir, que valen, son cualidades que están necesariamente adheridas a las cosas. Representan lo que en la realidad hay de valer. Justamente porque los valores no son entes, sino que son cualidades de entes, su homogénea unión con la unidad total del ser no puede ser puesta en duda. En fin, los valores no son, sino que representan cualidades valiosas, cualidades valentes, de las cosas mismas. Ahí está la fusión completa, la unión perfecta con todo el resto de la realidad.
En consecuencia, dado que los valores son cualidades necesariamente de cosas y, además, constituyen cualidades valentes de las cosas mismas y están perfectamente unidos con el resto de la realidad, es imperante su estudio, análisis y reflexión profunda desde las diversas áreas del saber, puesto que de ellos depende la Patria, tal como lo reconociera Ramiro de Maeztu. Los valores permiten comprender que todo lo que existe, "existe por algo y para algo"; que cualquier ser, por pequeño que sea, tiene su sentido y su razón de ser, es decir, Vale.
Los valores reflejan la personalidad de los individuos y son la expresión del tono moral, cultural, afectivo y social marcado por la familia, la escuela, las instituciones y la sociedad en que nos ha tocado vivir. Los valores nos permiten definir con claridad los objetivos de la vida, nos ayudan a aceptarnos tal y como somos y a estimarnos, al tiempo que nos hacen comprender y estimar a los demás. Dan sentido a nuestra vida y facilitan la relación madura y equilibrada con el entorno, con las personas, acontecimientos y cosas, proporcionándonos un poderoso sentimiento de armonía personal.
Por tanto, la acción educativa debe orientar sus objetivos en la ayuda al educando para que aprenda a guiarse libre y razonablemente por una escala de valores con la mediación de su conciencia como "norma máxima del obrar". Ello implica, también, ayudarle para que sepa descubrir el aspecto de bien que acompaña a todas las cosas, sucesos o personas; para que aprenda a valorar con todo su ser, a conocer con la razón, querer con la voluntad e inclinarse con el afecto por todo aquello que sea bueno, noble, justo y valioso.