martes, 19 de febrero de 2019

La Lengua Materna también celebra su día internacional

   El 21 de febrero de cada año, se celebra el Día Internacional de la Lengua Materna. Esta celebración data desde el 17 de noviembre de 1999, cuando la Conferencia General de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), lo proclama como el Día Internacional de la Lengua Materna y exhorta a los Estados Miembros y a la Secretaría a promover la preservación y protección de todos los idiomas que emplean los pueblos del mundo. 
   Se eligió este día, con la finalidad de reconocer al Movimiento por la Lengua Bengalí, que conmemora, en Bangladés, el Día del Movimiento por la Lengua desde 1952, cuando la policía y el ejército del Estado pakistaní, que entonces ocupaba Bangladés, abrieron fuego contra la multitud hablante u oyente de la lengua bengalí que se manifestaban por sus derechos lingüísticos en Dhaka (Bangladés).  Este acto de intolerancia hacia una lengua diferente fue tomado como punto de partida para un homenaje que busca promover la diversidad lingüística y cultural.
   La preservación de la diversidad lingüística y cultural es esencial para garantizar que todas las poblaciones logren un acceso real a una educación con equidad. Por eso, del mismo modo en que se trabaja para eliminar las diferencias de género, distintos organismos internacionales encabezados por la Unesco, buscan con este día, concienciar a la población sobre la eliminación de las diferencias lingüísticas que solo generan límites para las poblaciones minoritarias.
   La celebración del Día Internacional de la lengua materna se ha dado  a través de discursos e intercambio de ideas dirigido por académicos, lingüistas, funcionarios gubernamentales, sociedades culturales y otros representantes de los Estados miembros sobre aspectos de la cultura, la educación y los idiomas. En esta oportunidad, para celebrar los 19 años de esta proclamación, la UNESCO ha escogido como tema el de Preservar la diversidad lingüística y promover el plurilingüismo para apoyar los Objetivos de Desarrollo Sostenible, contenidos en la Agenda 2030. El Objetivo número 4 de esa Agenda se centra en lograr una educación de calidad y un aprendizaje universal permanente con el fin de que todos puedan adquirir las aptitudes, los conocimientos y los valores éticos necesarios para participar plenamente en la comunidad. Esto es algo especialmente importante para las comunidades minoritarias y los pueblos indígenas, por lo que ha quedado reflejado en el Marco de Acción para la Educación 2030 de la UNESCO, en el que se fomenta el pleno respeto hacia el uso de la lengua materna en la enseñanza y el aprendizaje, promoviendo y preservando la diversidad lingüística.
   Con relación al multilingüismo, se habla de la existencia de unas 6000 lenguas en el mundo. En América Latina, en mayor o menor grado de contacto con el español y portugués, se han identificado alrededor de 500 lenguas. Ahora bien, esta diversidad de lenguas en América Latina se ordena socialmente según un patrón diglósico, instaurado desde el período histórico colonial: las lenguas europeas se erigen en las lenguas del poder y de la esfera oficial y pública, en tanto que las lenguas indígenas quedan relegadas al ámbito privado y las expresiones folclóricas. En el conflicto de las lenguas suele imperar la ley del más fuerte y, en consecuencia, en la convivencia social no están ausentes la desigualdad, la imposición y la exclusión. Por lo que, es necesario pensar en acciones lingüísticas que moderen la convivencia y garanticen la igualdad.
   Venezuela es un país con una población que mayoritariamente tiene el Castellano como lengua materna y con carácter constitucional de lengua oficial, compartiendo ese rol con idiomas indígenas, ancestrales y patrimoniales (artículo 9, CRBV, 1999). Es decir, pasó de ser una lengua impuesta y dominadora, a ser una que, en democrática igualdad, transita con sus iguales en un país lingüística y culturalmente variado. Mandato de ley que nos obliga también a ser coherentes con ese precepto en el desarrollo de políticas educativas (Serrón, 2001). 
   Muchas de las lenguas indígenas de Venezuela se encuentran amenazadas o en peligro de extinción. Los idiomas indígenas son un conjunto muy heterogéneo. Es así como encontramos autores que hablan de 32 o 33 pueblos indígenas, otros de 24, las clasificaciones y asignaciones varían también. En todas las hipótesis se agrupan en 6 familias y un séptimo grupo, todavía sin asignar: Arawako (aproximadamente 300.000): En el Zulia (occidente) Añú y Wayuu (también en Mérida y Trujillo), en Amazonas (oriente) Baniva, Baré, Kurripako, Lokono, Piapoko (también en Bolívar) y Warekena; Caribe (aproximadamente 70.000):  En Oriente: Akawayo (Bolívar), Chaima (Monagas y Sucre); Cumanagoto (Anzoátegui, Monagas y Sucre), Eñepá (Amazonas y Bolívar); Kariña (Anzoátegui y Bolívar); Pemón (Bolívar), Wanai (Bolívar), Yavarana (Amazonas), Yekuana (Amazonas y Bolívar) y en el Occidente Yukpa (Zulia); Chibcha (poco más de 1.500) Barí (Zulia); Saliva (15.000): en Oriente: Maku (Amazonas), Sáliva (Amazonas) y Wótuja (Amazonas y Bolívar); Tupi (poco más de 700): Yeral (Amazonas); Yanomama (casi 10.000): Sanemá (Amazonas y Bolívar) Yanomami (Amazonas); Sin clasificar o en proceso de estudio: Jodi (500-Amazonas y Bolívar); Puinave (700-Amazonas y  Bolívar), Pumé (4000-Apure), Sapé (25-Bolívar), Uruak (40-Bolívar) y Warao (30000-Delta Amacuro, Monagas y Sucre). Sus lenguas y culturas cuentan en el marco constitucional, con un reconocimiento total;  sin embargo, todavía se puede observar desprecio a la lengua y baja consideración de la cultura autóctona de nuestros aborígenes.
   En lo que respecta a la comunidad sorda usuaria de la Lengua de Señas Venezolana (LSV), puede decirse que cuenta con unos 40.000 hablantes, lo que la ubica en la tercera comunidad lingüística del país, luego de la castellana y la wayú. En el artículo 81 de la CRBV, se hace mención de que las personas sordas pueden comunicarse a través de LSV, mientras que el 101 establece que ese grupo de personas tiene el derecho de ser informado, en su lengua, a través de la televisión pública y privada. El estatus de la LSV permanece, sin embargo, en una posición jurídica inferior a la de las lenguas reconocidas oficialmente por la constitución. 
   En su artículo 9, el máximo texto jurídico venezolano concede estatus de "lenguas oficiales" al castellano (en toda la república) y a las lenguas indígenas (en sus territorios ancestrales). A la LSV no se le otorga tal reconocimiento. En su redacción actual, sólo se concede el derecho a su uso. Frente a la lenguas indígenas que podrían ser caracterizadas como regionales, oficiales, no estandarizadas plenamente, la LSV se caracteriza por ser una lengua plenamente no estandarizada, no nacional (aunque tampoco es regional), no oficial, minoritaria y discriminada. Las implicaciones sociales y educativas  dirigidas a esta comunidad también son evidentes.
   Por otro lado, hay que destacar la existencia de otras lenguas en Venezuela. El alemanisch de la Colonia Tovar, hablado por la población descendiente de antiguos inmigrantes de la Selva Negra alemana y que tiene un interés histórico, turístico y, por ende, económico. El patois de Güiria y el loango de Barlovento, parecen estar en proceso de extinción, sin embargo, han servido para caracterizar zonas y han tenido marcada influencia en las mismas.
   Desde el punto de vista lingüístico y teórico, hay una problemática que no ha merecido hasta ahora, mayor atención. Es la referida a las lenguas que Biord ha denominada "coterritoriales", definidas como las usadas en territorios fronterizos que, como ocurre con toda la franja limítrofe nacional, son de población no asentada, no permanente, en este caso, el inglés y del portugués. El inglés en la zona de influencia de Trinidad y de Guyana con enclaves de interesante sobrevivencia, como en El Callao. El portugués, por su parte, se ubica en la extensa y fluctuante frontera con Brasil, centrado, hasta ahora, en economías extractivas y delincuenciales. Son casos importantes a considerar en el desarrollo de una planificación lingüística orientada a la solución de problemas y, en el caso del portugués, puede constituir un tema de interés en una agenda que intente modificar las relaciones entre dos países que han estado de espaldas, en este particular, el aporte venezolano a la difusión con fines integrativos del español venezolano en Brasil, cuenta con el antecedente y el aval, de más de 30 años de experiencia en el Caribe No Hispánico.
   Al respecto, puede afirmarse que una educación bilingüe debe buscar que los individuos hagan bilingüe al colectivo a partir de su propio bilingüísmo en dos lenguas maternas diferentes. En otras palabras, para que la intención constituyente se plasme en una realidad democrática, ese bilingüísmo colectivo y social debería idealmente conformarse sobre la base de individuos cuya lengua materna sea la indígena (o la lengua de señas venezolana) y la segunda, aunque con distintas características para cada grupo, el castellano (hablado y escrito para unos, exclusivamente escrito para los otros) y el caso inverso, es decir aquellos que en la misma región o en el contexto de deficiencias auditivas (por ejemplo familiares, amigos, docentes) tienen como lengua materna el castellano, deberían adquirir la indígena o la lengua de señas venezolana, o sensibilizarse para su uso. Es decir que el objetivo educativo intercultural bilingüe debería plantearse el desarrollo de la competencia comunicativa en ambas lenguas (Serrón, 2001) y en todo el conjunto.
   De igual manera, no puede ignorarse que en Venezuela existe un crisol de otras lenguas derivadas de procesos migratorios individuales o colectivos. Las más importantes, por supuesto, corresponden a migraciones reforzadas en la post segunda guerra, en especial, italianos, portugueses y gallegos, que actualmente se complementan con árabes de diversos orígenes y variedades, chinos no homogéneos lingüísticamente, coreanos, anglohablantes y otras lenguas europeas y criollos caribeños (haitianos, trinitarios), entre otras. Se podría hablar aquí de presencia de diversos sectores sociales y económicos, de migraciones puntuales o permanentes, de objetivos y motivaciones muy diversas, unidas, solamente, por la ausencia absoluta de políticas nacionales o regionales para su atención o consideración. 
   En este sentido, se observa que la situación lingüística venezolana es muy compleja y variada, por ello, su estudio, debe hacerse en diversos planos: social, económico, educativo, cultural y político. En consecuencia, el sentido primordial de una política lingüística es hacer que los hablantes lleguen a desarrollarse como seres humanos que hablan, capaces de leer el mundo y de crear sentido y belleza. Hacer que cada hablante habite plenamente su lenguaje y emprenda la aventura de encontrarse con el otro, con el mundo y consigo mismo, constituye un derecho fundamental que toda política lingüística debe garantizar. Tal política no acarrea el empobrecimiento idiomático de los ciudadanos, sino, por el contrario, el florecimiento del lenguaje en toda su riqueza y variedad. Este panorama de entramado lingüístico en Venezuela, nos invita a celebrar el día internacional de nuestro idioma nativo.

jueves, 31 de enero de 2019

Potenciales beneficios del uso reflexivo de la escritura


Concebir a la escritura en un plano reflexivo supone que el escritor aprenda o reestructure sus conocimientos respecto a un tema y que, además, mejore sus conocimientos discursivos. Es decir, en palabras de Miras (2000),  “no solo aprende acerca de lo que escribe sino que también aprende a escribir “ (p. 74). En consecuencia, se infieren diversos beneficios que puede aportarle al escritor un proceso escritural que le dé primacía a la reflexión en torno a qué se escribe, para qué se escribe, cómo se escribe y a quiénes está dirigida, todo ello, enmarcado por el plano contextual que, de algún modo, define los textos escritos y responden al cuándo y dónde se efectúa el proceso de escribir.
En este sentido, es necesario precisar que la reflexión nos permite analizar las causas, medir los efecto y comprender los resultados de algo. Por ello, ejercitar la reflexión resulta crucial para considerar detenidamente una cosa, buscando causas, implicaciones, consecuencias y poder resolver, adecuadamente, cualquiera de los retos que se plantean en esta sociedad; tales como, aprehender parte del saber histórico acumulado, captar las normas que rigen el mundo y su lógica, autoconocerse y clarificar el propio futuro, así como filtrar y jerarquizar las informaciones recibidas. La reflexión está, también, en la base del pensamiento lógico-formal, del pensamiento original y del pensamiento crítico, aspectos fundamentales que configuran la personalidad.
Por otra parte, sin reflexión resulta extremadamente difícil el autocontrol o la jerarquización de los propios valores en el seno de un sistema de pensamiento coherente. La reflexión facilita también la evaluación y la integración de experiencias, que se convierten así en fuentes de aprendizaje. Igualmente, contribuye a la asimilación estructurada de aprendizajes escolares o provenientes de cualquier otro contexto formativo. En definitiva, la reflexión humaniza y culturiza a la luz de las vivencias académicas y sociales.
Tomando como referencia lo expuesto, me permito manifestar que la escritura puede ser una vía privilegiada de reflexión, debido a que, cuando se escribe de manera natural y espontánea, podemos plasmar las vivencias, experiencias y sentimientos, dando un claro sentido y significado a la construcción del conocimiento; además, este proceso permite activar la imaginación y posibilita la creación.
Aunado a esto, la escritura es también una vía de expresión y comunicación. En cuanto tal, fortalece las relaciones del sujeto y amplía su ángulo de visión y de comprensión del mundo. Sirve de soporte a la expresión de sentimientos, a la narración de vivencias o al desarrollo de relaciones profesionales o de cualquier otra índole. Escribir para el otro ayuda, además, a aprender a narrar en términos inteligibles para los demás, lo que  facilita la comprensión de la perspectiva del otro. Todo ello redunda, a su vez, en una mejor comprensión de los contextos de desarrollo social y de uno mismo.
Escribir reflexivamente ayuda a saber escribir, como es lógico, pero también estimula la riqueza de la expresión oral: la clarificación de las ideas, su organización en un hilo narrativo, la utilización de un léxico preciso, entre otros aspectos. Escuchar atentamente, leer con calma y hablar con sosiego potencian la reflexión y la capacidad de expresarse por escrito, y viceversa: todas las formas del uso reflexivo de la palabra se estimulan interactivamente si se practican de manera voluntaria y placentera.
El sujeto puede construir o reconstruir sus aprendizajes con la potente ayuda de la escritura reflexiva. Posteriormente, el sujeto podrá demostrar su saber redactando adecuadamente un trabajo, un proyecto o ensayo, que en sí mismos serán también motivos de aprendizaje y no sólo un medio de evaluación. En otro orden de ideas, y a diferencia de lo que ocurre con las otras formas del uso reflexivo de la palabra, que son más efímeras, escribir sirve para dejar constancia ante uno mismo o ante los demás de lo pensado o sentido en un determinado momento. Ello facilita la reflexión posterior a partir de lo escrito, o bien la propia evaluación de lo anteriormente pensado y expresado sobre el papel.
En correspondencia con lo anterior, la escritura reflexiva contribuye también a generar confianza en el sujeto, en su propia capacidad de generar ideas y de clarificar cuestiones complejas, bien de manera individual o en interacción con otros. Esta confianza en la propia capacidad de generar ideas útiles es clave para estimular la creatividad de la persona y para que ésta adopte una postura relajada al escribir y, por tanto, sea más probable que disfrute escribiendo. La confianza de la persona en sí misma contribuye al desarrollo intelectual en muy diversos aspectos.
La escritura reflexiva, en concreto, puede contribuir a éstos y otros logros relevantes. En contraste, la escasa práctica de la escritura reflexiva, o la ausencia total de la misma, conllevarán con gran probabilidad, a un pobre desarrollo de la capacidad de expresión escrita. Dejando como consecuencia, una amplia gama de dificultades escolares y laborales, en encontrar menor placer al escribir y, presumiblemente, en una menor riqueza en la expresión oral. Igualmente, estos sujetos tenderán, por lo general, a un menor desarrollo del pensamiento reflexivo y de lo que éste conlleva.
Como es lógico, las ventajas de la escritura reflexiva estarán en función, entre otras variables, de la frecuencia con que ésta se practique. Por ello, el reto para los educadores estriba en conseguir que se convierta en un hábito para los estudiantes; y que sea perdurable. En otras palabras, se trata de que la escritura reflexiva se inserte en el estilo de vida del estudiante. Si no, sus beneficios serán, por lo general, efímeros o muy puntuales.
Sobre este particular, Quintero, Torres y Cardona (2007) señalan que la escritura “permite la transformación de la actividad docente en actividad intelectual y, por lo tanto, un requisito fundamental de un profesor altamente capacitado es que sea también un escritor consolidado” (p. 15). En esta perspectiva, es crucial que el docente sea un escritor reflexivo y haga de la praxis docente un escenario propicio para insertar al estudiante en esta práctica. De la misma manera, Zuluaga y Echeverri (2003) advierten que las instituciones educativas deben ser campos de experimentación pedagógica, donde los profesores estemos llamados a integrar todas aquellas experiencias que están dispersas, siendo el ejercicio de la escritura y reescritura una forma de vincular la teoría y la práctica, la investigación y la enseñanza. 
Los docentes reflexivos reconstruyen y comparten su experiencia profesional, configurando un campo de acción concreto y modelando un hábito profesional de formación permanente que nos lleve a ser cada día más autónomos, confiados y efectivos; procesos y habilidades que deben ser compartidas e instruidas a los estudiantes. El reto para los educadores es convertirse en los principales motivadores y hacer de la escritura reflexiva un ejercicio habitual, compartido y modelado.

lunes, 2 de abril de 2018

¿Cómo mejorar la oratoria para tu disertación de grado?

            En algún momento de nuestras vidas como estudiantes, nos hemos preguntado: ¿qué debo hacer para mejorar mi dicción?, ¿cómo hago para no repetir esta palabra o muletilla?, ¿cómo saldré en la presentación oral de mi trabajo de grado? Estas y otras interrogantes, me han llevado a escribir este artículo; el cual, deseo, pueda ayudarnos a responder y a canalizar estas inquietudes.
            En tal sentido, es necesario que recordemos las definiciones que nos han dado algunos autores en cuanto a la oratoria. Añez  (2006), la define como “el arte de hablar bien. También es considerado  un género literario formado por el discurso, la disertación, el sermón” (p. 45); se aplica a todos  los actos comunicativos que están planteados con la intención persuasiva (conferencia, charlas o exposiciones).  Por su parte, la Real Academia de la Lengua Española la considera como el “arte de hablar con elocuencia; de deleitar, persuadir y conmover por medio de la palabra”. Una interesante definición que coincide con la anterior y hace referencia a una dialéctica fecunda dirigida con intencionalidad específica.
            Albán  Aléncar (2007), nos regala una aseveración acorde a los propósitos que guían este ensayo. Para este autor, la oratoria es el conjunto de principios y técnicas que permiten expresarnos, principalmente de manera oral, con claridad, facilidad y sin temores, ante un público numeroso y variado, con la intención de transmitir un determinado mensaje. Esto es precisamente, lo que queremos: mejorar nuestra expresión para presentar el informe final de nuestro trabajo de investigación y el informe final de prácticas profesionales, requisitos indispensables para aprobar y culminar nuestra carrera universitaria.
            Es así, como trataremos de revisar, someramente, algunos principios y técnicas que guían el desempeño del orador. El orador, persona que transmite el mensaje, debe cultivar algunas cualidades que le permitirán perfilar su estilo oral. Entre éstas tenemos: (a) las físicas, que comprenden su aseo personal y vestuario; los cuales deben estar acordes al contexto y público al que va a dirigirse; (b) las cualidades intelectuales, referidas a la buena memoria y al dominio del tema a tratar, por lo que debe estudiar su discurso y evitar ambigüedades; y (c) las cualidades morales, que enfatizan la puntualidad, honradez y congruencia; todas estas cualidades deben estar acompañadas (o más bien, blindadas) de una amplia actitud mental positiva, que permitirá darle el sello personal a nuestro discurso;  el cual debemos diseñar y ejecutar con naturalidad, claridad, concisión, coherencia y sencillez.
            Como seres hablantes, estamos dotados de una amplia fuente de recursos expresivos que permiten comunicarnos. Tal es el caso de la voz. El manejo de la voz es crucial para configurar nuestro estilo oral. Es importante hablar con claridad, adecuar el volumen o intensidad de la voz al auditorio o público que está escuchándonos, realizar las modulaciones necesarias al momento de hablar, cuidar la dicción o pronunciación correcta de cada una de las palabras y prestarle atención al ritmo, a través de la utilización de las pausas precisas y acordes al discurso.
            En consecuencia, debemos evitar un lenguaje soez y descuidado. Para ello, es importante que tomemos conciencia de que estamos formándonos como profesionales y apuntamos hacia la excelencia. En razón a esto, evitemos la omisión de letras: pa´lla, en lugar de para allá; evitemos la mala pronunciación de palabras como: queríanos, amábanos, besábanos, lo correcto es decir: queríamos, amábamos, besábamos. Luchemos, férreamente, contra la repetición “incontrolada” de palabras o frases en el discurso, popularmente conocida como muletillas.  Es frecuente escuchar la reiteración de términos como “entonces”, “¿no es verdad?”, “¿bueno?”, “¿sí?” “esteeeee…”, “hum”, “hem”, “O.K.”, “o sea”, “ves”, “digamos”, “así es”, “me explico”, “indudablemente”, “básicamente”, “me entienden” y muchos otros.
            Una forma de evitar estas molestas muletillas, que empañan nuestras exposiciones orales, consiste en: (a) intenta reducir la velocidad del discurso y realizar pausas conscientes entre las frases. (b) Grabar el discurso. (c) Repasar la grabación e intentar detectar las muletillas. Una vez que las ubiquemos, debemos ser inflexibles con ellas. Al principio, lo sentirás como algo forzado, pero con el pasar del tiempo, te saldrá con naturalidad. (d) Esfuérzate cada vez que hables en público para evitarlas. Debes practicar mucho, frente al espejo, con un colega, amigos o familiares. Con la práctica, se logra la perfección. Sólo así desaparecerán.
            Otra técnica interesante son los ejercicios de vocalización. En una posición cómoda trata de relajar todo tu cuerpo, especialmente tu garganta. Vacía tus pulmones, toma suficiente aire por tu nariz (no demasiado), y empieza a dejar salir un flujo de aire constante mientras pronuncias los siguientes sonidos por varios segundos: “ooo, uuu, aaa, eee, iii”. Como puedes ver, vas a mantener un tono constante hasta que termines de pronunciar todos ellos, y de preferencia trata de hacerlo con una sola toma de aire. Empieza con un tono medio que sea cómodo para ti; comienza con tu tono natural de voz, y después, prueba expresar tonos más graves y tonos más agudos.
            Para mejorar tu dicción, te recomiendo el uso de los trabalenguas. Busca y apréndete de memoria al menos 5 trabalenguas que contengan consonantes diferentes, para que puedas practicarlos en cualquier oportunidad que tengas. Repite de cinco a diez veces al día cada trabalenguas. Trata de aumentar poco a poco la velocidad, sin descuidar la buena pronunciación, y de preferencia hazlo también con un lápiz debajo de tu lengua.
            Otro de los recursos expresivos que poseemos como hablantes es el lenguaje corporal, también conocido como componente no verbal de comunicación. Con nuestro cuerpo podemos transmitir mensajes: acompañamos las palabras, le damos fuerza, le damos dramatismo. Para ello, podemos usar nuestras manos y brazos. Las manos las usamos para apoyar nuestra comunicación, como expresión confirmatoria de lo que queremos decir. También contamos con los ademanes: que son movimientos de manos y brazos para enfatizar el valor de las palabras y las emociones. Los ademanes bien ejecutados potencian el significado de las palabras y las intenciones.
            Claro está, también estos ademanes deben ser ejecutados tomando en consideración el discurso, sin abusar de ellos. Incorpora movimientos con tus manos que te ayuden a enfatizar inteligentemente las partes clave de tu mensaje. Durante nuestra disertación oral debemos evitar cruzarnos de brazos, tocarnos la cara, no colocar las manos en la cintura ni meterlas en los bolsillos ni frotarlas constantemente. Este tipo de gesto da la impresión de inseguridad y nos deja mal parados frente a un auditorio o jurado.
            La cara es otro de los recursos expresivos con los que contamos y es el principal sistema de señales para mostrar las emociones. Hay 6 emociones principales y 3 áreas de la cara responsables de la expresión. Las emociones son: alegría, sorpresa, tristeza, miedo, ira y asco o desprecio. Las tres regiones faciales implicadas son: la frente/cejas, los ojos/párpados, la parte inferior de la cara. Una conducta socialmente habilidosa requiere una expresión facial que esté de acuerdo con el mensaje. Si una persona muestra una expresión facial de miedo o de enfado mientras intenta iniciar una conversación con alguien, es probable que no tenga éxito, por eso debemos cuidar este tipo de gestos a la hora de comunicarnos.
La sonrisa es un componente importante al momento de entregar un mensaje. Puede utilizarse como sonrisa defensiva, como gesto de pacificación. Con una sonrisa podemos suavizar un rechazo, comunicar una actitud amigable y animar a los demás a que nos devuelvan también una sonrisa. Además, de mostrar agrado hacia lo que estamos haciendo y diciendo. Puedes sonreír como muestra de satisfacción por la meta alcanzada y el hecho de culminar con éxito tu carrera, y estar ahí contando tu experiencia con la mejor de tus sonrisas.
El contacto visual es crucial. Es importante que cuando estés presentando tu trabajo pasees la vista por todo el auditorio, de forma pausada. Evita mirar a una persona en particular. Debemos evitar las miradas cortas e inquietas. Si mirar a los ojos nos resulta incómodo, lo mejor es mirar a la frente, ya que da la misma impresión. Realicemos miradas de forma global. Mirar a la audiencia es una forma de mantener la atención, la persona que percibe nuestra mirada, experimenta la sensación de que se le habla a ella, por el contrario si un sector no recibe nuestra mirada, tendrá la sensación de que no le tenemos en cuenta.
Ahora bien, un aspecto que perturba a algunos estudiantes a la hora de efectuar una disertación, es el miedo escénico, el cual se constituyen en un sentimiento de inquietud causado por la emoción. Es una conmoción del espíritu ante un riesgo, sea inminente o no, real o imaginario, lo que puede generar un estado caótico en la persona. Algunos de los factores que lo estimulan son: La competencia (medirse comparativamente con otros), la evaluación (saberse supervisado), el conocimiento (La falta de preparación académica), la expectativa (esperar más de uno o de los demás), la incertidumbre (dudar sobre lo que acontecerá), la inexperiencia (carecer de práctica previa), la intensidad (circunstancias especiales) y la novedad (enfrentar lo desconocido).
El miedo escénico puede manifestarse de diversas formas y en intensidades diversas. Algunos de los efectos pueden ser:  pérdida de la visibilidad o de la audición, aceleración del ritmo cardíaco,  respiración acelerada, el frío o el calor invade todo el organismo, copiosa sudoración en quien a la vez siente frío, bloqueo de la memoria, requerimiento urgente de orinar, malestar estomacal, corte de la digestión, imperiosa necesidad de desechar; o náuseas y deseo de devolver,  risa indetenible o lloriqueo imparable, sequedad en la boca, ganas de esconderse tras de algo, ruborización y sobrecalentamiento del rostro, temblor en el cuerpo, particularmente en piernas y manos, tartamudeo y atropello de la expresión, ahogo de las palabras como si la lengua se le pegara; en fin, malestar general.
            Como puede constatarse, son muchísimos los efectos que causan padecer de miedo escénico. En consecuencia, debemos actuar y sobreponernos para luchar contra ese perverso, antiacadémico enemigo. Seguidamente, apuntaré algunos consejos que pueden ayudarnos a superarlo:
1)Acepte que el miedo existe y que usted tiene o puede tener miedo, por tanto:  (a)Usted no es la única persona que siente miedo. (b)El miedo no es vergonzoso.  (c)Usted siempre tendrá miedo al enfrentar al público. (d)El miedo, o por lo menos un poco de él, es positivo. (e)La ausencia absoluta de miedo, puede resultar negativa. (f)La audiencia no sabe que usted está nervioso
2)Sea asertivo, cultive su autoestima
3)Proceda con valor como si no tuviera miedo
4)Mire al auditorio con confianza, no lo evada
5)Prepare y ensaye su discurso
6)Hable. Hable. Hable
7)Desconfíe de los estimulantes
8)Descanse
9)Sepa que el público desea oírlo
10)Relájese.
La relajación puede ser hecha, y conviene que así sea, en dos tiempos distintos: La relajación remota. Es la que se hace días previos al discurso, y en algunos casos el mismo día, pero, antes de estar ya en el escenario. Es así como podemos hacer: ejercicios físicos, ejercicios de relajación y ejercicios de respiración.  Por su parte, la relajación inmediata es la que hacemos pocos minutos o segundos antes de comenzar a hablar. Comprende: Ejercicios de eliminación de la tensión del rostro, como por ejemplo: comprima el rostro, frunza el ceño, comprima los músculos de la frente, cierre los ojos con fuerza y comprima los labios y todo el rostro. Ahora, relaje el rostro plácidamente, lentamente, lo más lento que pueda, y dibuje una sonrisa en su cara. Repita el ejercicio. Estire la boca, tanto como le sea posible, abra la boca y los ojos, estire la mandíbula. Ahora, lentamente, lo más lento que pueda, relaje el rostro y dibuje una sonrisa. Repítalo.
Igualmente, contamos con los ejercicios de respiración, los cuales podemos practicar teniendo en cuenta:
Paso 1. Asume una postura erguida pero natural.
Paso 2. Exhala por completo el aire que hay en tus pulmones a través de tu boca y nariz hasta que sientas tu abdomen comprimido.
Paso 3. Inhala de manera natural permitiendo que el aire entre y llegue hasta tu estómago, cuidando de no levantar tus hombros.
Paso 4. Una vez que tengas tus pulmones llenos y sientas tu abdomen levantado, exhala iniciando de nuevo el proceso. Repite 3 veces
Para la relajación muscular puedes hacer de 3 a 5 movimientos circulares suaves con tu cabeza y tu cuello para relajarlos. Repite estos movimientos circulares suaves con tus hombros, rotándolos de atrás hacia adelante y de adelante hacia atrás. Agita tus manos de 3 a 5 veces como si estuvieras sacudiendo agua ligeramente. Si tú sientes tu quijada tensa,  relájala abriéndola y cerrándola de manera suave.
Otra técnica importante, consiste en visualizar en tu mente un resultado positivo de lo que estás a punto de enfrentar.  Debes sentirte  convencido de que lo que compartirás, va a ser percibido como algo de valor por parte de tu público. Que te veas a ti mismo en el escenario, tranquilo y hablando con mucha fluidez y confianza. Finalmente, imagina a tu público aplaudiendo y mostrándote su aprobación al término de tu presentación. Espero que estas sencillas técnicas, te ayuden a controlar el miedo escénico y puedas disertar, con éxito, tu trabajo de grado y el informe final de tus pasantías. No obstante, recuerda siempre: La constancia es la clave del éxito. Por eso, te pregunto: ¿Tú crees que un atleta  está listo para competir y ganar con sólo haber trotado un día antes de la competencia?

lunes, 5 de marzo de 2018

Hacia una lectura creativa, comunicativa y funcional




     El ser humano se desenvuelve en un ambiente que está lleno de mensajes. En consecuencia, lee permanentemente e interpreta diversidad de informaciones que están a su alrededor. El hábito de la lectura está tan enraizado que ni siquiera se advierte, no se tiene conciencia de este ejercicio tan cotidiano. No obstante, en el ambiente académico, cuando se habla de lectura, es preciso hacer énfasis en el aspecto comprensivo y, muy especialmente, en considerar al proceso lector como una acción comunicativa enmarcada por un espacio social determinado. En tal sentido, la acción pedagógica debe estar dirigida hacia el desarrollo de actividades que fomenten las habilidades lectoras del estudiante, las cuales deben ser consideradas en forma interdependiente y de adquisición simultánea, con la finalidad de que se propicie el compartir de saberes, de experiencias previas y se faciliten procesos hermenéuticos y dialógicos entre los estudiantes y los actores sociales del entorno donde se desenvuelven. Considerando estas premisas, leer no es solamente descifrar un texto escrito, sino construir inteligentemente el significado del mismo, interactuando con la información visual que se encuentra en el texto, con los diversos factores contextuales y con los conocimientos y experiencias previas del sujeto. 

     En el proceso de la lectura es posible que los individuos cambien sus propias opiniones o construyan otras que podrían ser introducidas a nivel social a partir de la actividad comunicativa y del consenso entre los individuos. Así, las orientaciones que se proponen parten de un enfoque comunicacional-funcional del proceso lector, que exige satisfacer necesidades, expresar ideas, intercambiar puntos de vista y transmitir mensajes: condiciones especiales para formar ciudadanos democráticos, críticos y participativos. De esta manera, la lectura propicia la integración con todas las áreas del currículo. Este hecho contribuye a la organización de actividades que favorezcan la participación del estudiante en los procesos de observación, análisis, comprensión, comparación y clasificación, sobre la base de la situación que permita su crecimiento intelectual, afectivo y social. 

     El propósito de la enseñanza de una lectura creativa es lograr el desarrollo de la competencia comunicativa del estudiante, atendiendo a los procesos de comprensión y producción en el lenguaje oral y escrito, tomando en cuenta el uso de los registros adecuados para cada contexto situacional. Es importante destacar, que deben evitarse posturas dogmáticas que frenan el intelecto y la capacidad dialógica del individuo, por ello, el lector debe estar atento a la diversidad de informaciones que lleguen hasta él, con el fin de interpretarlo considerando factores multidimensionales, multireferenciales y socialmente complejos, para evitar vacíos epistémicos e inadecuados. Es en esta perspectiva que debe enseñarse la habilidad lectora. Marín y De la Torre (1991) aseguran que la lectura, además de un proceso de descodificación, se considera como tal, cuando el lector es capaz de entender lo que lee. De ahí que afirman “que el texto escrito es algo que habla no sólo a los ojos sino también al entendimiento y a la imaginación.” (p.400). Igualmente, comentan que, a través de la lectura, el lector, además de distraerse, aviva su imaginación y al mismo tiempo aprende a conocer los sentimientos, los problemas, las opiniones, las alegrías de los hombres, su modo de reflejar la realidad, entre otras cosas. 

     En este marco de referencias, la lectura creativa, además, toma en consideración aspectos que apuntan a un diálogo donde se dé cabida a las perspectivas y conocimientos de los otros, sus enfoques y sus puntos de vista, para desarrollar las habilidades que faciliten la construcción de los significados, de espacios intelectuales y de experiencias compartidas. Esto en consonancia con lo expresado por Carrizo y otros (2003), quienes aseveran que debe privilegiar una aptitud de “pensar en red”, para abordar el conocimiento de la realidad desde una mirada compleja y formulando una estrategia transdisciplinaria que permita la integralidad de los saberes, nuevas maneras de organizarlo, nuevas visiones y actitudes. 

     Se trata de comprender un pensamiento que separa y que reduce junto con un pensamiento que distingue y que religa. No es abandonar el conocimiento de las partes por el de las totalidades ni el análisis por la síntesis, hay que conjugarlos y contextualizarlos. Para Morín (2001) “existen los desafíos de la complejidad a los cuales los desarrollos propios de nuestra era planetaria nos confrontan ineluctablemente” (p.48). Esto es, precisamente a lo que se apunta, un abordaje de fenómenos y realidades que son significativas para el ser humano en la medida en que se reconozca su reciprocidad e interdependencia con un todo organizado y común. En atención a esto, el docente debe apuntar su acción hacia lo transdisciplinar, intentando escudriñar a la persona que subyace como unidad biopsicosocial, en su realidad, en su medio ambiente, con sus objetivos y sus fines. 

   Igualmente, la lectura creativa se inscribe en una pretensión de su aplicabilidad a cualquier fenómeno social inspirándose en aspectos conceptuales de distintas disciplinas, convirtiéndose en un instrumento útil para acceder al saber popular que sirve de base para interpretar la realidad y se constituye en materia prima para que los actores sociales, a través de procesos hermenéuticos, adquieran la capacidad de establecer ideas que generen conocimientos ajustados a su realidad y a sus intereses sociales. Por ello, esta concepción de la lectura representa una forma de participar y compartir con otros seres humanos. Es un proceso en donde las personas intervienen con cierto compromiso que les ayuda a alcanzar una mutua aceptación y una comprensión a partir de la interacción. 

     El aprendizaje de la lectura, como todos los aprendizajes, no se produce en aislamiento. Ugas (2006) sostiene que es vital para la sociedad el intercambio de información, debido a que propicia una dinámica indispensable que mantiene las estructuras sociales. De este modo, los estudiantes aprenden a leer comprensivamente cuando confrontan con sus compañeros y maestros, los hallazgos en un determinado texto. En este contexto, se propone la lectura creativa donde se privilegia la acción comunicativa que se da a través del diálogo, puesto que permite el compartir de saberes y experiencias, facilitando al estudiante la comprensión textual y del entorno donde se desenvuelve, con sus múltiples canales, en los cuales el actor social participa en cualquier instante que lo desee o no, interviniendo no sólo con palabras sino también con gestos, miradas y silencios. Por ello, la reciprocidad entre el docente y los estudiantes requiere un lenguaje clarificador y estructurado, abierto a las múltiples expectativas e intereses de los estudiantes, valorando su interrelación y la expresión oral, en sus numerosas matices y tonalidades. En esta perspectiva, Sagastizabal (2006) asevera que el diálogo es un proceso de indagación colectiva sobre los supuestos y certezas que conforman la experiencia diaria (p.172). De este modo, el diálogo permite el acercamiento, el compartir, el pensar juntos, poniendo en común y al descubierto información, opiniones, diversidad de mensajes y significados. 

     En suma, lo que se pretende es que en el aprendizaje de la lectura se promueva el compartir de experiencias, que haya una participación activa y se construya el significado a partir de ideas consensuadas. Como lo afirma Morales (2007), el docente debe leer y compartir, comentar lo que lee y leer con otros, es decir, dar ejemplo. Por lo que, la metodología que utilizará debe ser flexible, globalizada y centrada en el estudiante, insistiendo en estimular la creatividad e impulsándole a usar lo aprendido para expresar sus propias ideas, pensamientos y necesidades. 



REFERENCIAS

Carrizo, L., Espina, M. y Kleiu, J. (2003). Transdisciplinariedad y Complejidad en el Análisis Social. Versión Preliminar. Uruguay: Most.

Marín, R.  y  De   la   Torre,   S.   (Coord.).   (1991).    Manual    de   la   Creatividad. Barcelona-España: Vicens Vives.

Morín, E. (2001). Los siete saberes necesarios para la educación del futuro. Bogotá: Magisterio.

Sagastizabal, M. (Coord.). (2006). Aprender y enseñar en contextos complejos.  Argentina: Noveduc.

Solé, I. (2000). Estrategias  de Lecturas.  (11a. ed.). Barcelona-España: GRAÓ.

Ugas,  G. (2006).  La Complejidad. Un modo de pensar.  San Cristóbal-Táchira: Lito Formas.

viernes, 11 de agosto de 2017

Flor de Cayena

Cual arcoiris mañanero,
regalas tu colorido.
Arbusto  muy llamativo
Llegaste del extranjero.
Entre tus colores contar:
rojo, blanco, amarillo,
perfecta para decorar
Jardín, casas y pasillos.
Flor tropical resistente,

germinaste entre mi gente.
Maritza Navarro

martes, 20 de junio de 2017

A Rómulo Gallegos

Maestro, político y escritor,
amante de la democracia,
del nativismo criollo fuiste cultor.
El campo y la ciudad fueron tu inspiración,
en la devoradora de hombres,
  mostraste  tu condición.
Pobre Negro, Canaima y Cantaclaro,
 son también tu creación,
nos dejaste tu legado
para  el estudio y discusión.
Por el Guárico y  el Apure,
y por toda la Nación,
los Unergistass unidos,
expresaremos  nuestra admiración.
Autora: Maritza Navarro 

martes, 8 de noviembre de 2016

Manejo de las Tic en la Práctica Tutorial

     
   En la actualidad, la incorporación de las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) propone asumir grandes retos. La dotación de infraestructura y de equipos tecnológicos a las instituciones educativas es primordial, pero no es suficiente. Es necesaria la implementación efectiva de las TIC en las prácticas académicas de estudiantes y profesores, dentro y fuera del aula, insertándolas como herramienta para el aprendizaje de contenidos del plan de estudios y no solo como un taller de inducción. 

   Con ellas, el papel que desempeñan los docentes y los estudiantes se ve modificado por nuevas estrategias y metodologías que favorecen procesos de enseñanza y de aprendizaje constructivos, en los que se promueve la participación y el estudiante es activo en su aprendizaje. Por lo que, deben adquirir competencias específicas, que los capacite para dar sentido al uso de la herramienta y a la información que se obtenga a través de ellas para el aprendizaje significativo. De igual manera, se requiere que los docentes, además de formarse técnicamente para el manejo instrumental de las TIC, reciban capacitación para el uso de éstas, como herramientas pedagógicas, en todas las materias y áreas en las que su empleo sea posible. Es en esta perspectiva que, docentes y estudiantes son protagonistas y responsables del uso efectivo de las TIC en los procesos educativos. 

   Ahora bien, en lo que respecta al uso y manejo de las TIC en las prácticas de tutoría, considero que, en correspondencia con lo referido en párrafos precedentes, hay un protagonismo corresponsable entre Tutor y Tutorado, quienes deben estar instrumentalmente formados y conscientes de la trascendencia que representan las investigaciones sólidas, confiables y factibles, tanto para la calidad educativa como para el desarrollo del país. En este contexto, las TIC vendrían a ser una herramienta fundamental para entrar a un mundo lleno de información de fácil acceso para los docentes y estudiantes, información que debe ser cuidadosamente analizada y examinada para evitar conductas deshonestas en la construcción de nuestras investigaciones. De igual manera, las TIC propiciarían un ambiente de aprendizaje divertido, cognitivamente creativo, dinámico e interactivo que permitiría llevar a cabo el trabajo académico, bajo la guía del tutor, de forma armónica, autogestionada y responsable. 

   En cuanto a las ventajas y desventajas del uso de las TIC, debemos tomar en cuenta que, como principio general, éstas deben estar en función del diseño pedagógico y no al revés. Es decir; para que usemos un video, una animación, un foro, un correo electrónico, el Internet, un equipo de cómputo, entre otros, debemos considerar la necesidad pedagógica que atenderemos. El uso de las TIC en la educación eleva la calidad del proceso educativo porque permite superar las barreras de espacio y tiempo donde hay una mayor comunicación e interacción entre los profesores y estudiantes. Esto lleva a que exista una construcción distribuida de diferentes fuentes de información donde se participa de manera activa en la construcción del conocimiento y, así, se potencializan los individuos que en este proceso participan. 

   Los siguientes son algunos de los beneficios que las tecnologías nos ofrecen en el ámbito educativo: facilitan la comunicación; ayudan a disminuir las barreras de espacio y tiempo; propician el aprendizaje colaborativo; permiten que los individuos crezcan personalmente practicando su comunicación; gracias a las tecnologías surgen nuevas profesiones y modalidades educativas; los retos del futuro se ven más alcanzables si se apoyan de las TIC; el uso de la Internet permite un acceso de igualdad tanto a la información como al conocimiento, considerándola como un estándar de comunicación. 

   Con relación a las desventajas o limitaciones, puede caerse en el error de utilizar a las TIC sin tener un diagnóstico previo del para qué nos servirán y qué procesos serán los que apoyen. Para que esto funcione, debe existir una base pedagógica didáctica orientada al logro de un objetivo. El estar acostumbrado a una enseñanza presencial pone barreras en cuanto a la asimilación de conocimientos por medio de tecnologías, pero resulta interesante utilizarlas, porque colocándolas en una balanza, las ganancias son mayores. En suma, los beneficios que se obtengan por el uso efectivo de las TIC dependerá, sobre todo, del enfoque pedagógico utilizado en la planificación y desarrollo de la clase, de la capacidad de los actores para aprovechar todas las oportunidades que éstas brindan y de la actitud que adopten, tanto el docente como los estudiantes, para la enseñanza y el aprendizaje, respectivamente.